Estados Unidos se define

La elección del próximo 5 de noviembre en Estados Unidos no sólo decidirá el nuevo acomodo político del Senado y de la Cámara de Representantes, la elección también se puede leer como un referéndum a la administración Bush y a su forma de interpretar el rol que Estados Unidos juega en la conformación del nuevo orden mundial. A diferencia de elecciones pasadas de medio-termino, en donde principalmente se define si el presidente gana o pierde apoyo legislativo, la del próximo 5 de noviembre proporcionará la legitimidad que necesita la clase política estadounidense para definir el nuevo papel que Estados Unidos juegue, como el imperio más poderoso que Occidente jamás ha visto, a lo largo de las siguientes décadas. Debido a la coyuntura en la que Estados Unidos se encuentra, de la manera en la que el electorado responda a esta elección, dependerá en gran medida el rol que la última superpotencia adopte. Y no es para menos, en la elección se votará por 34 senadores, 435 representantes y 36 gobernadores.

Lo delicado y particular de esta elección es que, de apoyar mayoritariamente al partido Republicano, el electorado estadounidense estaría avalando el manejo que el gobierno de George W. Bush ha hecho en algunos de los temas más sensibles y delicados de su agenda política. Con ello, estaría mandando un mensaje a la administración republicana mediante el cual le otorgaría la legitimidad para seguir actuando así. El electorado estadounidense tiene la valiosa oportunidad de manifestarse en contra de una forma de entender el poder que terminará por debilitar no sólo a Estados Unidos, sino a todo el paradigma Occidental.

Si el electorado estadounidense pretende emitir un voto informado y comprometido, deberá ir más allá de la tradicional política local y considerar la formulación que el gobierno de George W. Bush ha hecho de su política internacional, militar y comercial.

I. Política Internacional (o desprecio por el Derecho Internacional)

El gobierno de Bush, como ninguna otra administración norteamericana en los últimos 50 años, ha despreciado y obstaculizado el desarrollo y cumplimiento del Derecho Internacional; de una manera clara y sistemática ha ido en contra de cualquier intento por someter ciertos principios fundamentales para la convivencia pacífica entre los estados a reglamentaciones internacionales. Temas tan variados y distintos como la protección al medio ambiente (rechazo al Protocolo de Kyoto), el desarme y la no proliferación de armas nucleares (retiro unilateral del Anti-Ballistic Missile Treaty) y la promoción de la justicia internacional a través de una corte penal especializada (Bush revocó el Estatuto de Roma, firmado por Bill Clinton y a través del cual se puso en funcionamiento la Corte Penal Internacional el pasado 1 de julio) han sido sistemáticamente bloqueados por la administración republicana al punto de poner en riesgo muchos de los avances hechos por la comunidad internacional a lo largo de las últimas décadas.

II. Políticas militares

Adoptada el pasado septiembre en el documento The National Security Strategy of the United States of America, como parte de la revisión que el presidente Bush ha hecho a la estrategia militar norteamericana después del 11-S, la nueva Doctrina Bush (o de Ataques Preventivos) se presenta como una de las políticas que, tanto a corto como largo plazo, pone más en riesgo la paz y la estabilidad del sistema internacional.

La doctrina propuesta por Bush le adjudica a Estados Unidos la capacidad de determinar qué países o grupos terroristas pudieran estar potencialmente interesados en atacar o ir en contra de intereses estadounidenses alrededor del mundo y tomar acciones militares preventivas para impedir que se hagan realidad.

En contra de los principios más aceptados por el Derecho Internacional –incluidos los de la misma Carta de Naciones Unidas que, en sus artículos 2.4 y 51, especifican claramente bajo que circunstancias está y no está permitido el uso de la fuerza–, el gobierno de Bush, de hacer uso de los ataques preventivos, sentaría uno de los precedentes más destructivos para la paz y la seguridad mundial.

Respaldándose en esta lógica, la administración republicana pretende justificar así la invasión a Irak. Gracias al intenso trabajo diplomático francés y a su insistencia en que toda acción se haga conforme al Derecho Internacional, en las últimas semanas Estados Unidos ha bajado el tono de su amenazas. Pero una invasión unilateral, sin la autorización del Consejo de Seguridad, no está descartada. Los planeadores militares del Pentágono llevan tan adelantado los planes de invasión que, según reportó The New York Times, el gobierno norteamericano contempla la posibilidad de instaurar un gobierno transitorio, al estilo Macartista, presidido por un general norteamericano, que sustituya al de Hussein.

III. Políticas comerciales

Quizá sea en esta área en donde el gobierno de George W. Bush ha entrado en mayor contradicción. Por un lado persigue una agresiva política comercial que intenta abrir mercados, promover zonas de libre comercio y vender la tesis del libre mercado como lo única fórmula hacia el desarrollo. Y, por otro, el mismo gobierno de Bush ha hecho uso de las medidas más proteccionistas que se han usado en Estados Unidos en lo últimos treinta años.

Tomando en cuenta lo cerrada que fue la pasada elección presidencial, Bush, en una clara estrategia electoral para lograr su reelección en el 2004, concedió subsidios y aranceles a dos industrias que dominan la vida política de estados que fueron especialmente cerrados en el 2000 y que Bush necesita para reelegirse (Iowa, Dakota del Norte, Missouri, Pennsylvania, et al). Se trata de los incrementos a los subsidios a la agricultura (en casos de hasta el 80%) y los aranceles impuestos al acero (de hasta el 30%).

La gravedad de esta política no sólo está en el daño que causa a las economías de los países menos competitivos y en su ilegalidad al hacer uso de prácticas inaceptables y contradictorias con las reglas del sistema multilateral de comercio, sino también en la manera en la que deslegitima y pone en entredicho todo el concepto de libre mercado. Si Estados Unidos pretende consolidar este modelo alrededor del mundo tendrá que hacer un esfuerzo mucho más honesto y comprometido para demostrar que el modelo de libre comercio verdaderamente beneficia a la mayor parte del mundo y no sólo a las economías más desarrolladas.

Así pues, independientemente de la tan seguida política local, el electorado deberá considerar estas tres áreas. El próximo 5 de noviembre los votantes definen mucho más que asuntos de política local; escogerán a los políticos que comenzarán a sentar las bases del papel que Estados Unidos juegue en el nuevo orden mundial. Y sí, como dice Carlos Fuentes, sí hay choque de civilizaciones. No entre Sur y Norte o Islam y Occidente. “Es el choque entre el poder autoritario, ignorante, excluyente, de la fuerza bruta, y el poder democrático, sabio, incluyente, de la creación humana”. ¿Sabrá elegir el pueblo norteamericano? Por el bien de todos, esperemos que sí.