Estrategia

“Los retos a los que se enfrenta Estados Unidos son grandes, no obstante, tenemos un enorme poder e influencia para enfrentarlos. Los tiempos requieren una estrategia de seguridad nacional ambiciosa…nuestra estrategia es idealista en sus objetivos y realista en sus métodos”. Estas palabras forman parte de la conclusión de la recién publicada Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, un documento elaborado por la oficina del Presidente que se revisa y actualiza periódicamente y donde se establecen los grandes objetivos de seguridad nacional.

La importancia del documento consiste en que recoge los planteamientos filosóficos y políticos que sirven como fundamento para las demás políticas de gobierno. A partir de lo que se establece en él, las otras ramas de gobierno y las diferentes secretarías de la administración planean y ejecutan sus políticas.

Un año después del 11-S, en septiembre de 2002, el gobierno del presidente Bush hizo la actualización más importante de la estrategia desde el final de la Guerra Fría. Fue ahí donde la administración republicana adoptó oficialmente el recurso de ataques preventivos y justificó su nueva posición reactiva en el escenario internacional. Desde el punto de vista estratégico, la revisión de 2002 significó enterrar por completo el paradigma de defensa que prevaleció durante la mayor parte de la Guerra Fría. La disuasión (deterrence), anunciaba el documento redactado en 2002, funcionó contra la Unión Soviética porque se entendía que sólo se utilizarían las armas como último recurso; en la actualidad, continúa el documento, esa política no funciona contra estados y regímenes dispuestos a utilizar armas de destrucción masiva como primer recurso.

La revisión publicada el miércoles pasado, la primera desde la invasión de Irak, refleja los cambios que ha tenido que hacer el gobierno de Bush en su segunda administración,  según Charles A. Kupchan, del Council on Foreign Relations. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2006 recoge y actualiza las experiencias de los últimos cuatro años y establece los objetivos que guiarán la política exterior y de defensa en los próximos. Según el experto, en conversación telefónica, Bush intenta hacer una reafirmación de fuerza que asegure al pueblo norteamericano y al mundo que tiene el control político y militar para seguir por el camino trazado después del 11-S.

El documento ofrece una síntesis y una explicación de cómo ve el gobierno la coyuntura internacional actual. “Estados Unidos está en los primeros años de una larga lucha (a la que el Pentágono bautizó como la “long war”), similar a la que nos enfrentamos durante los primeros años de la Guerra Fría… Ahora una nueva ideología totalitaria nos amenaza, una ideología basada en la perversión de una religión digna”.

La nueva estrategia establece dos prioridades: la primera, “promover la libertad, la justicia y la dignidad humana”, ¿cómo?, “terminando con las tiranías del mundo, promoviendo democracias efectivas y extendiendo la prosperidad a través de políticas de mercado y de desarrollo inteligentes”; la segunda, confrontar los retos de la época liderando un grupo cada vez mayor de países democráticos comprometidos con los esfuerzos multinacionales necesarios para resolver los grandes desafíos que rebasan las fronteras nacionales (proliferación de armas de destrucción masiva, cambio climático, tráfico humano, et al). El problema, según Moisés Naím, editor de la revista Foreign Policy, en entrevista desde Washington, es que Estados Unidos ha perdido credibilidad en sus intentos por promover la democracia. En suma, el “entusiasmo democrático” de Washington se ve invalidado cuando las personas perciben que detrás de la promoción democrática, Estados Unidos tiene otros intereses.

Finalmente, vale la pena mencionar brevemente un tema que la nueva estrategia de seguridad no toca, o, toca de manera tan exigua que denota la poca importancia que tiene para Estados Unidos. Me refiero al tema de la inmigración. En el documento de casi medio centenar de cuartillas, la única mención que se hace del tema es: “debemos continuar trabajando para reducir la inmigración ilegal”.

Tomando en cuenta que se trata del documento donde se establecen las prioridades nacionales maestras en temas de seguridad y estrategia, queda muy claro que Estados Unidos no considera el tema migratorio ni una amenaza para su seguridad nacional ni un asunto vital dentro de sus prioridades estratégicas.

Durante la segunda mitad del siglo XX, Estados Unidos encontró en la Unión Soviética y el Comunismo su émulo y su antagonista. Ambos le permitieron estructurar una política exterior clara y de grandes ideales a través de las cuales encauzó sus acciones exteriores durante casi medio siglo. En tiempos de creciente incertidumbre política e ideológica, Estados Unidos, consciente de su papel de última superpotencia, busca construirse un rol en el mundo de acuerdo a las realidades post Guerra Fría y 11-S.

Lo que la nueva Estrategia de Seguridad Nacional revela es que Estados Unidos, al menos el gobierno de Bush, intenta encontrar su nueva causa e ideal en política exterior en la democratización planetaria. En principio, su propuesta no es novedosa, esta forma de gobierno la ha promovido desde su fundación como país independiente. La novedad es que, con su seguridad nacional cada vez más dependiente de su éxito en esta tarea –según establece el nuevo documento–, Estados Unidos dice estar más dispuesto a asumir una posición proactiva en la que la fuerza militar y su involucramiento directo jueguen un papel cada vez más central. Curioso camino el que se decide reafirmar en este tercer aniversario de la invasión de Irak.