Fox

En un mundo en el que los medios de comunicación –especialmente los canales de televisón– definen y transmiten la realidad (con sus prejuicios y afiliaciones incluidas), pasar por alto la influencia de la pantalla chica sería una grave omisión de cualquiera que intente comprender la realidad; sea ésta política, económica, o social. Y, en un país como Estados Unidos, aún más.

Explicar la importancia de Fox News es, al final de cuentas, contar la historia del ascenso republicano que comenzó con el aplastante triunfo de ese partido en las legislativas del año 94. Fue entonces cuando el movimiento conservador –que dominó todos los ámbitos políticos hasta noviembre pasado– adquirió seguridad, fuerza y la inquebrantable lealtad de una voz dentro de los medios de comunicación que usaría su influencia para hacer política con los temas que fragmentan a la sociedad.

Aborto, matrimonio entre homosexuales, derecho a poseer armas; temas todos ellos utilizados para dividir a la sociedad e intentar fundar consensos, no sobre aquellos que unen, sino aquellos que fracturan.

Y es aquí donde Fox entra en escena. Para aquellos no familiarizados con la televisión estadounidense, ésta la podemos dividir en dos: las cadenas (o networks, como las llaman en Estados Unidos) y los canales de cable.

Las primeras son las televisoras tradicionales (NBC, ABC, PBS y CBS); utilizan el espectro radioeléctrico para transmitir y llegan de manera gratuita a los hogares. Los segundos son canales surgidos años después gracias a las posibilidades de distribución que trajeron consigo los sistemas de cable y una regulación más laxa por parte de la FCC (el ente regulador). En este grupo encontramos canales como CNN –el iniciador del fenómeno a principios de los ochenta–, MSNBC, CNBC y, por supuesto, Fox News.

Fox nació en 1996 como la gran aventura mediática de dos personajes: el magnate australiano de las telecomunicaciones Rupert Murdoch y un estratega republicano (antiguo asesor de Nixon), llamado Roger Ailes, consciente de que ninguno de los noticieros existentes apelaban a las preferencias de los votantes que habían hecho posible el triunfo de su partido dos años atrás.

Desde el principio Fox quiso ser diferente. Rompió con los esquemas y formatos utilizados por los noticieros televisivos hasta ese entonces y trasladó, con mucho éxito, un modelo muy popular explotado por la radio desde hacia décadas: la opinión política de los conductores como eje de la noticia. Así, emulando a figuras radiofónicas como Rush Limbaugh y Howard Stern, Fox, desde su nacimiento, se lanzó a redefinir las reglas de los informativos y a cambiar la forma de hacer televisión.

A pesar de su marcado partidismo y su parcialidad, Fox no tiene reparo en definirse como un canal ejemplar en cuanto a su neutralidad y moderación se refiere. Ailes, el estratega detrás del ascenso de Fox, creó los lemas del canal como si se tratase de una campaña política: Fox News. Fair and Balanced y We report. You decide.

Nadie encarna mejor ni es más útil para el explicar el éxito de Fox que su presentador estelar, Bill O’Reilly. Éste es un combativo personaje que, a través de su programa vespertino The O’Reilly Factor (el líder de los noticieros en cable, con dos millones de televidentes), se presenta ante la audiencia como el aliado de los desprotegidos, indignado con aquellos que cometen injusticias y abusan de su poder. En realidad, O’Reilly es un miembro del establishment WASP que sabe explotar muy bien el anhelo de un sector de la población blanca venida a menos que busca un redentor que le de voz a sus frustraciones.

Así, a través de consignas maniqueas, que en ocasiones las dice enfurecido gritándole a la cámara, O’Reilly despotrica contra todos aquellos que en su opinión traicionan a Estados Unidos: violadores, asesinos, medios de comunicación liberales así como políticos que proponen aumentar impuestos; para O’Reilly no hay distinciones y todos son culpables de la degradación moral que sufre el país.

En palabras del crítico audiovisual catalán Román Gubern, “en esta operación narcisista se invierten…la importancia de los roles, pues el informador pasa a ocupar la centralidad del debate político a expensas del sujeto político auténtico, convertido en materia carroñera…se trata de una nueva forma de periodismo amarillo”.

The O’Reilly Show, al final de cuentas, no es un informativo tradicional; se trata más de un foro donde un público con opiniones afines alimenta sus prejuicios. El éxito de Fox radica en que, por medio de conductores que saben jugar con las emociones de su auditorio, logra crear lealtades políticas y apuntalar agendas partidistas.

Pero el efecto Fox no se limita a eso. Según un estudio de la Universidad de Berkeley publicado el año pasado, en los mercados televisivos en los que tiene mayor penetración, Fox convenció a entre tres y ocho por ciento de su auditorio de votar por el Partido Republicano. El documento, titulado The Fox News Effect: Media Bias and Voting, hace un estudio comparativo entre las elecciones presidenciales de 1996 (cuando todavía no existía Fox) y las de 2000 y concluye que en las zonas donde Fox tiene cobertura el voto incrementó de manera significativa a favor de los republicanos.

Asimismo, otra investigación realizada por la Universidad de Maryland en 2003 encontró, entre varios otros, un dato muy revelador: un alto porcentaje de los televidentes de Fox tenían ideas erróneas respecto a las razones por las que Estados Unidos invadió Irak. El 80% de éstos (en contra del 55% de CNN y el 23 de PBS) tenían la certeza de que Al-Qaeda estaba ligada a Saddam Hussein (acusación que ha sido desmentida por diversos servicios de inteligencia occidentales).

Como ningún otro actor político, Fox ha contribuido a crear un clima de medias verdades y polarización entre amplios sectores sociales. Aunque el televidente siempre tiene la opción de apagar el televisor, Fox News parece haber encontrado la fórmula para mantenerlo enchufado.

En su primera década al aire Fox ha desvirtuado el compromiso del mensajero en la vital tarea de informar; pero no le cambie, en su segunda, el canal bien podría llevar a alturas insospechadas lo que hoy entendemos por manipulación mediática.