Guerras

A menos de dos semanas del día de la elección, los cuarteles generales de Obama y McCain entran en una etapa crucial en la que cada minuto cuenta; un documental de principios de los noventa nos acerca de manera fehaciente a lo que está ocurriendo.

The War Room, un documental que sigue paso a paso la campaña de Bill Clinton desde las primarias en el invierno de 1992 hasta su llegada a la Casa Blanca el 20 de enero del año siguiente, es un magnífico documento audiovisual que reconstruye no sólo los detalles de la elección presidencial de ese año, también pone en relieve los entresijos de una campaña presidencial moderna; muestra cómo funciona y a qué se enfrenta en los momentos de mayor tensión.

El documental nos lleva 16 años atrás y nos revela una paradoja: lo mucho que se parecen las sucesivas campañas al tiempo que descubre cómo se introducen nuevos lenguajes, herramientas, formas de organización. Algunos sutiles y otros no, la película dirigida por la pareja formada por Chris Hegedus y D.A. Pennebaker, es un recordatorio de cómo cambian las cosas a la vez que permanecen igual.

The War Room (se puede obtener a través de Amazon.com) arranca en el fragor de la batalla partidista de las primarias: miembros del equipo de Clinton en New Hampshire discuten durante una reunión las estrategias de campaña que utilizan sus rivales. Nombres como Tsongas, Kerrey, Brown, Harkin o Fulani eran los protagonistas de aquel momento —perfectamente intercambiables hoy por Kucinich, Richardson, Dodd, Romney o Huckabee—.

El documental se centra sobre dos personajes que fueron clave en el ascenso de Clinton de la periferia de la política estadounidense a su llegada a la Casa Blanca en un periodo relativamente corto de tiempo —los tiempos ahora son aún más breves—. Se trata de  James Carville —el que inventó el famoso slogan It’s the economy, stupid!— y George Stephanopoulos —un joven asesor que instrumentalizó la política de comunicación del candidato—.

Una década y media después, Obama tiene su versión de Carville y Stephanopoulos en las figuras de David Axelrod y David Plouffe —el primero, el cerebro detrás del ascenso de Obama de las penumbras del Senado de Illinois a la Convención Demócrata de 2004; el segundo, el responsable del manejo diario de la campaña y uno de los que ha impulsado con más fuerza dentro de la campaña romper esquemas y buscar nuevas formas de organización política—.

Gennifer Flowers ¿Alguien la recuerda? Si no, el documental se encarga de hacerlo al tiempo que muestra el génesis —o uno de los génesis— de la perversa relación que se ha desarrollado entre medios de comunicación y política.

La comparecencia de Flowers ante la prensa en la que dice haber tenido una relación amorosa con Clinton —y en la que queda claro cómo ella y los medios se utilizan mutuamente— provoca escalofríos si se piensa en las posibilidades surgidas desde entonces: Google, YouTube, Twitter, Facebook, TypePad y otros canales de comunicación que han potenciado la inmediatez y se han vuelto centrales en el proceso de comunicación e interacción política; para bien y para mal. William Ayers o Jeremiah Wright son Casos Flowers, sin faldas pero con esteroides.

Una escena especialmente reveladora del filme podría trasladarse perfectamente 16 años después del script de la disputa entre Clinton y Bush padre a la de Obama y McCain.

La secuencia muestra a voluntarios del candidato demócrata reunidos mientras Carville les explica los riesgos de la estrategia republicana: “Va a ser una dura batalla, detrás de los ataques que estamos viendo está Roger Ailes…, cada vez que un demócrata tiene una idea nueva, los republicanos organizan una emboscada y nos dividen” contaba el asesor. “Si lo consiguen esta vez”, concluía, “emplearán la estrategia todas la veces”.

Carville se refería a la maniobra que elección tras elección el Partido Republicano ha venido perfeccionando y que consiste en utilizar los llamados wedge issues (temas divisivos: aborto, derecho a las armas, derechos de los homosexuales, et al.) como armas arrojadizas que buscan acallar cualquier intento por sostener una discusión política seria —el ejemplo exitoso más reciente fue la derrota de John Kerry en 2004 como consecuencia de que los republicanos transformaran la elección en un referéndum sobre el patriotismo del demócrata—.

Y sí, el Roger Ailes que menciona Carville es el mismo que unos años después se convertiría en la Némesis del Partido Demócrata al fundar junto con Rupert Murdoch un instrumento de calumnias y propaganda partidista llamado Fox News.

Quizá la última media hora de The War Room es la que pueda resultar más interesante: nos conecta directamente con lo que pasa en estos días con los equipos de campaña de Obama y McCain. Los parecidos no dejan de resultar sorprendentes.

Hacia el final de la campaña de Clinton se recoge una rueda de prensa en la que a Carville se le pregunta de manera repetida e insistente si el candidato viajó a Moscú en los años setenta; el interrogador intenta sugerir que Clinton careció de patriotismo  y que quizá incluso colaboró con el enemigo durante la guerra fría —adaptado al guión de la campaña actual la falta de patriotismo se mantiene y el colaboracionismo de Clinton se sustituye por el socialismo de Obama—.

Y así hasta los últimos días de la campaña, ese último respiro al que estamos entrando ya y que se caracteriza por el intento de sostenerse y resistir por parte de uno y subvertir el orden por parte del otro.

A la espera del documental que cuente cómo llegó a la Casa Blanca el primer presidente negro, The War Room nos permite imaginarnos con bastante exactitud qué está pasando en los cuarteles generales en estos últimos días de lucha.