Génesis

Obama no desperdició un solo día en perfilar las primeras acciones de su Gobierno: 72 horas después de su victoria ya había nombrado a su jefe de Gabinete y reunido a su equipo de asesores económicos; sobre los primeros pasos del novel Gobierno.

En su primera comparecencia ante la prensa como Presidente electo, Obama fue enfático: “No subestimo la magnitud del reto que tenemos enfrente…algunas de las decisiones que tomaremos serán difíciles…salir del hoyo en el que nos encontramos no será fácil ni sucederá rápido”. Lo decía el viernes en Chicago después de sostener la primera reunión oficial de la transición.

Obama convocó a pesos pesados del mundo económico y financiero y no dejó ninguna duda sobre cuáles serán sus prioridades al arranque de la administración.

Entre los convocados al cónclave de crisis: Buffet, Volcker, Summers, Granholm, Parsons y Schmidt.

Digeridos los excelentes resultados de la noche electoral —el primer demócrata en obtener más del 51 por ciento del voto desde Lyndon Johnson en 1964; en el Colegio Electoral, una victoria arrolladora de 365 votos vs. 162; y en el Congreso, un aumento significativo en las mayorías demócratas en ambas cámaras—, para el miércoles la atención en Estados Unidos estaba puesta ya en detectar las primeras señalas, los primeros movimientos de la nueva administración.

¿Cuáles serán sus prioridades? ¿Quiénes formarán parte del Gabinete? ¿Será verdaderamente bipartidista o el nuevo Presidente se inclinará por un núcleo duro demócrata decorado con alguna figura del sector moderado del Partido Republicano?, son algunas de las preguntas que se hacen estos días en los pasillos de Washington.

Paralelo al reto de nombrar a su Gabinete y equipo de asesores en las próximas semanas, Obama se enfrenta también al reto de sentar prioridades, establecer jerarquías y administrar las enormes expectativas que se crearon en torno a su figura a lo largo de la larga campaña electoral —y ajustarlas, por supuesto, a las restricciones presupuestarias que tendrá—.

“Ningún presidente entrante en tiempos recientes”, escribían Jeff Zeleny y Jackie Calmes en el New York Times el viernes pasado, “había estado tan presionado para comenzar a gobernar, incluso antes de asumir el cargo”.

Los 76 días entre la victoria y el día de la toma de posesión —20 de enero— serán fundamentales para preparar las primeras acciones de Gobierno y evitar un vacío de poder que provoque un arranque con el pie izquierdo —como en alguna medida le sucedió a Bill Clinton al demorar el nombramiento de puestos clave de su administración—.

Los primeros movimientos del Presidente electo no sólo han mostrado eficacia y decisión a la hora de asumir funciones ejecutivas y comenzar a delegar las titánicas tareas a las que se enfrenta su Gobierno, ha mostrado también un sentido de urgencia que corresponde a las difíciles condiciones que hereda.

Sin ninguna duda, la prioridad principal será la atención inmediata de la delicada situación económica por la que atraviesa el país.

En este frente se perfilan tres objetivos que contrastan claramente con los del Gobierno saliente: en el corto plazo y aunado a los 700.000 millones de dólares del plan de rescate aprobado en octubre para refinanciar a la banca, Obama prepara un plan paralelo diseñado para ayudar a la clase media a sortear el temporal económico —una medida que los demócratas podrían intentar colar en el Congreso antes de fin de año—; en el largo, una discusión de fondo sobre cómo y en qué sentido se tendrán que replantear las funciones de regulación económica del Estado comienza a surgir —Keynes, parece, vuelve a tener futuro—; y en el apartado tributario, se preparan recortes de impuestos para la clase media y baja y la primera alza en más de una década destinada al cinco por ciento más rico —los que ingresan más de 250.000 dólares al año—.

Por el momento, tres son las figuras clave que participan en las decisiones económicas del Presidente electo y de las que podrían surgir algunos de los altos cargos de la futura administración: Jason Furman, principal asesor económico de Obama durante la campaña, se especializa en política fiscal y podría ser el nexo entre la Casa Blanca y el Tesoro; y Lawrence Summers y Timothy Geithner — jefe del Tesoro con Clinton y presidente de la Reserva Federal de Nueva York respectivamente—, son dos de los nombres más sonados para suceder a Henry Paulson al frente del Departamento del Tesoro.

En las próximas semanas sabremos si Obama logra formar un equipo de gobierno propio que marque claras diferencias con administraciones demócratas pasadas o tiene que echar mano de miembros de otros gobiernos —el cambio generacional, la nueva forma de hacer política, se comenzará a ver allí—; por ahora, el Presidente electo utiliza a gente cercana a Bill Clinton para nutrir su primer cuadro: John Podesta como jefe de transición y Rahm Emanuel como flamante jefe de Gabinete.

Días antes de la elección, en una entrevista en CNN, Wolf Blitzer le propuso a Obama un menú de cinco prioridades que el candidato debía jerarquizar. Reforma sanitaria, independencia energética, reforma fiscal, gasto en educación y reforma de inmigración, le sugirió el periodista.

Obama, sin dudarlo, respondió que su principal prioridad no estaba en la lista —estabilidad financiera, aclaró inmediatamente—. Después, enumeró: independencia energética, reforma sanitaria, fiscal y, finalmente, gasto educativo. ¿Y la reforma de inmigración? Ni se mencionó. Que nadie se llame a engaño.