Prospectiva

¿Cómo se imaginan los servicios de inteligencia estadounidenses el mundo en 2025? ¿Quiénes creen que serán los principales actores globales?; un informe recién publicado proporciona una oportunidad de saber cómo se ve el mundo desde Langley.

Nadie puede negar que los servicios de inteligencia estadounidenses —16 agencias que desde 2004 se agrupan bajo el paraguas del Director de Inteligencia Nacional— jueguen un papel fundamental en la compleja red de intereses que nutre de informes e inteligencia al Washington oficial y que terminan siendo en muchos casos la base de algunas de las decisiones políticas de mayor trascendencia.

A pesar de su reciente descrédito —el final de la guerra fría, los ataques del 11 de septiembre, Irak— y de su muchas veces inverosímil representación cinematográfica, estos servicios continúan —y continuarán— jugando un papel clave en el entramado institucional de Washington (una de las primeras consecuencias prácticas del triunfo de Obama fue que 48 horas después de su victoria los servicios de inteligencia comenzaron a proporcionarle el mismo informe con el que diariamente despierta Bush).

A finales de noviembre, el Consejo de Inteligencia Nacional (NIC por sus siglas en inglés) —un órgano encargado de formular análisis de largo plazo para las diversas agencias de inteligencia— publicó su prospectiva quinquenal, un informe que busca responder la nada sencilla pregunta de hacia dónde se dirige el mundo en los próximos 15 años.

El resultado es un valioso ejercicio de prospectiva que no solamente repasa las tendencias más importantes que están transformando el escenario internacional, sino también, constituye una rara oportunidad de conocer qué papel creen los servicios de inteligencia norteamericanos jugará el propio Estados Unidos en la próxima década y media.

Algunas de las tendencias más relevantes las menciono a continuación.

La primera de todas —la que afecta a las demás— es un recordatorio oportuno en un momento en el que algunos despistados interpretan las actuales tribulaciones financieras como el fin del capitalismo.

La apertura de los mercados, el intercambio de bienes y servicios y la integración económica a escala planetaria, dice el reporte, no hará más que extenderse y aumentar en las próximas décadas (el informe no representa los deseos del Gobierno estadounidense, menciona los escenarios que de acuerdo a la mejor información disponible son más probables).

La denomina una “meta-tendencia” y asegura que la profundización de la integración económica planetaria en las próximas décadas será el factor que lo continúe transformando todo —sí, a pesar de las vicisitudes económicas actuales—. “En términos de tamaño, velocidad y dirección de flujo, el giro en el cambio de la riqueza y poder global —de oeste a este—, no tiene precedentes en la historia moderna”, afirma el NIC.

En otras palabras, se trata del mismo fenómeno que Tom Friedman describió hace ya algunos años en The World is Flat —un perspicaz tomo que explica cómo la tecnología está “aplanando” los ejes rígidos y verticales que tradicionalmente han dominado la vida económica de las naciones—.

Y aunque este proceso, asegura el NIC, no es un juego de suma cero, de aquí al 2025, definitivamente habrá claros perdedores y ganadores.

En el primer grupo sobresalen dos regiones que por sus características estructurales no tienen las condiciones para hacer frente a las exigencias que vienen: África y América Latina —con la salvedad de Brasil—.

Ambas regiones, considera el informe, no han sabido aprovechar la transferencia de riqueza que ha caracterizado la primera fase de integración económica ni tampoco han obtenido inversiones significativas de los países que sí se benefician.

En el segundo grupo, los ejemplos obvios son China e India. Ambos lideran el selecto grupo de países que a lo largo de los últimos 30 años de expansión económica mundial han logrado apalancarse y posicionarse estratégicamente para hoy reclamar una porción creciente del pastel —los tres billones de dólares en manos del banco central chino que actualmente apuntalan la economía estadounidense no aparecieron mágicamente—.

En menor medida, también pertenecen al grupo Brasil, Indonesia, Irán y Turquía. Países que han sacado partido ya sea de su ubicación geográfica o de sus ventajas comparativas —o ambas— para crear riqueza.

Y aquí una advertencia del NIC: “en los próximos 15 o 20 años, con el fin de conseguir estabilidad política y un desarrollo económico acelerado, un creciente número de países en desarrollo podrían gravitar hacia el modelo estatista de Pekín en lugar del modelo tradicional occidental basado en la apertura de los mercados y los sistemas políticos democráticos”.

Y finalmente llegamos a Estados Unidos. El informe reconoce dos aspectos esenciales: sí, el país perderá poder —relativo— frente a nuevos actores internacionales —“no tendrá una elección de políticas tan amplia como la que ha tenido hasta ahora”—; pero, al mismo tiempo, “en los próximos 15 o 20 años será el actor internacional que más impacto tenga en la evolución del sistema”.

En las próximas dos décadas una de las diferencias fundamentales entre los países que logren mantener el paso y los que se rezaguen —o continúen rezagando— será su capacidad para innovar e implementar soluciones científicas y tecnológicas.

Al respecto, el informe asegura: el factor determinante para los países será la “efectividad de su sistema nacional de innovación, esto es, el proceso mediante el cual conceptos intelectuales se comercializan en beneficio de la economía nacional”.

En ese rubro, concluye el NIC, Estados Unidos se mantiene a la cabeza.

Y ello, a pesar de ocho años de letargo y falta de iniciativa. En los ocho próximos, el péndulo oscilará, y con él, se producirán cambios, muchos cambios. Habrá ganadores y habrá perdedores.