Paciencia

WASHINGTON— Se cumple el primer aniversario de una de las jornadas más importantes en la historia de Estados Unidos.

El Grant Park de Chicago atestado de personas de los cinco continentes y de las cuatro esquinas del país esperando los resultados que muchos de antemano creíamos cambiarían el rostro de Estados Unidos.

Desde la mañana de aquel histórico 4 de noviembre de 2008, el ambiente que se respiraba era de júbilo. La hazaña estaba a punto de completarse. Los deberes estaban hechos y después de 18 agotantes meses de campaña, el improbable candidato estaba a sólo unas horas de conseguir el hasta hace muy poco improbable resultado.

Los que tuvimos la suerte de pasar la jornada en Chicago recordamos las inusuales altas temperaturas de un día de pleno otoño, las colas de votantes que se formaban en las casillas, la sonrisa en los rostros de miles de personas en las calles que sin decir nada se sobreentendían: esa noche el país habría de elegir a un nuevo presidente; no a cualquier presidente, al primer presidente negro; a un político sui generis, de los que sólo aparecen una vez en la vida.

Las marabuntas de personas que desde temprana hora de la tarde desfilaban por la avenida Michigan para encontrar un lugar en el parque. El rosario de resultados que comenzaron a escucharse por el sistema de sonido: la primera sorpresa de la noche: Virginia, por primera vez en cuarenta años, se iba a la columna de los demócratas. Después vinieron Ohio y Florida y la constatación de que no había vuelta atrás, el resultado estaba sentenciado.

Minutos antes de las diez de la noche los ánimos estaban al máximo: los colegios electorales de la costa oeste cerraban y con ello las restricciones a los medios de comunicación se levantaban, podían hacerse públicas sus proyecciones.

En Grant Park las pantallas gigantes sintonizaban CNN y exactamente al filo de las diez entraba el Breaking News de la emisora. Wolf Blitzer, el conductor estelar de la cadena, apareció y dijo: “CNN puede proyectar que Barack Obama, de 47 años, se convertirá en el presidente electo de los Estados Unidos. Proyectamos que cuenta con suficientes votos electorales para convertirse en el cuadragésimo cuarto presidente”. El parque estalló en gritos y abrazos. Aunque para muchos el sentido del resultado había estado claro desde hacía semanas, ver en las pantallas gigantes la imagen de Obama con la leyenda “presidente electo” bajo su nombre le dio otro significado al momento.

De su primer discurso como presidente electo recuerdo la gracia con la que aceptó la felicitación de McCain —el rival Republicano que lo atacó con formas que fueron todo menos respetuosas—, la brevedad de sus palabras aquella noche y cómo dejó muy claro que el verdadero trabajo para transformar al país apenas comenzaba.

¿Dónde se ubica Obama un año después de Grant Park? Los dos meses de transición y diez de presidencia han sido un frenesí de actividades y propuestas legislativas difíciles de abarcar aquí.

En el frente interno dos han sido los aspectos fundamentales que han marcado a la Administración. La crisis económica y la primer gran apuesta política del presidente: la reforma al sistema sanitario. Un año después, en ambos casos, Obama tiene muy buenos resultados que reportar. En el primer caso y después de haber heredado una economía en trizas, el trío Summers-Bernanke-Geithner logró detener la caída en picado y ahora comienza a corregir el curso —el dato del crecimiento del 3,5% durante el tercer trimestre la semana pasada fue un espaldarazo a su trabajo—.

En el frente de la salud pública, Obama está a un paso de lograr lo que ningún presidente ha conseguido en décadas: sentar las bases de un sistema sanitario virtualmente universal. Si, como todo indica, en las próximas semanas, el Senado y la Cámara de Representantes aprueban sus respectivas versiones de la reforma, antes de finales de año Obama se sentará a la mesa a firmar una legislación con la que se apuntará su primer gran éxito político —sólo comparable con las reformas logradas por Johnson y Roosevelt—.

La agenda exterior de los últimos doce meses ha estado marcada por un golpe de timón sin precedentes en la política exterior de Estados Unidos. De restablecer la imagen del país en el mundo a encontrar cómo liberarse de los múltiples y nocivos legados de la Administración Bush: del complicado cierre de Guantánamo a cómo conciliar la legislación antiterrorista aprobada durante los últimos ocho años con un Gobierno transparente que respete de manera inequívoca los derechos humanos. Los dilemas son todo menos fáciles de resolver.

Y Afganistán. El gran tema pendiente. Como comentaba la semana pasada, se trata quizá de la decisión más importante que tomará Obama durante el primer año. Todas las señales apuntan a que el aumento de tropas es inminente y ahora sólo se trabaja sobre cómo se le presentará la decisión a la opinión pública.

El único aspecto que me deja mal sabor de boca en este primer año se refiere precisamente a la opinión pública y los tiempos políticos. El cambio, al menos el que pretende Obama, requiere tiempo. Para discutir, pactar y conciliar. Surgen los primeros síntomas de que un sector importante del electorado comienza a perder la paciencia. Pronto, éste podría convertirse en el principal problema del presidente.

La culpa, en buena medida, es de los medios de comunicación y la imposición de sus tiempos.

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  1. Por Obama : generacion.net el %d 07UTC %B 07UTC %Y a las %H:%M 05Sat, 07 Nov 2009 05:14:09 +000009.

    […] ¿Todo esto es cosa del enemigo interior? ¿Es el Síndrome de Ottinger? ¿Mejor no hacerse ilusiones?. Paciencia! […]