Exégesis

¿Qué quiso decir Obama? ¿Plantó cara a las políticas de seguridad nacional de su predecesor o elaboró una serie de ideas que en la práctica equivalen a una continuación de las políticas de George W. Bush?

Surge un interesante debate en los pasillos políticos y académicos de Washington sobre exactamente qué quiso decir Obama en su discurso del pasado sábado en la academia militar de West Point, en el estado de Nueva York. A sólo días de que presente su National Security Strategy —el documento más importante en el que se delinean los objetivos de seguridad del país— Obama habló ante la generación de recién graduados de la academia militar para adelantar algunos de sus objetivos.

Aunque el discurso en sí mismo no fue particularmente interesante ni se revelaron mayores detalles sobre lo que contendrá la estrategia de seguridad actualizada, el debate entorno a él está generando mucho interés en círculos de política exterior y seguridad internacional.

Los bandos, de manera general, se podrían dividir en dos: el primero, el que interpretó el discurso como un claro rompimiento con las políticas de la Administración Bush —encabezado por el New York Times y el reportero que escribió sobre el discurso, Peter Baker; “una de las personas mejor informadas de Washington”—; el otro, el que lo leyó como una clara continuación de las políticas de seguridad del Gobierno de Bush —un grupo amorfo que incluye a miembros del establishment neoconservador y de la izquierda pacifista—.

Una vez más, Obama hace gala de esa extraña habilidad para disgustar con la misma intensidad a públicos que en muchos casos se ubican en las antípodas.

Al margen de consideraciones políticas, el debate abierto es un buen pretexto para analizar más de cerca los efectos reales de casi año y medio de Gobierno y los cambios en los aparatos de seguridad del Estado después de ocho años de una presidencia que expandió el poder ejecutivo como ninguna otra.

El lunes el The New York Times publicaba una larga investigación sobre como se continúa utilizando una práctica que Bush puso de moda y que muchos asumieron que con el cambio de gobierno quedaría inmediatamente desterrada: la subcontratación por parte del Departamento de Defensa de organizaciones privadas de espionaje para hacer más expedita la recolección de información. Especialmente en países como Irak, Afganistán, Pakistán y otras zonas de Asia central.

Entre muchos otros detalles, la historia documenta casos específicos en los que el Pentágono simplemente se saltó a las agencias de inteligencia del propio Gobierno e instrumentalizó programas de espionaje encubiertos. En el léxico del Departamento de Defensa se utiliza el eufemismo “situational awareness”, establecer redes locales para obtener información sobre el ambiente en un determinado lugar. Pero, lo que viene a sugerir la historia del Times, sin nunca decirlo por su nombre, es que esas actividades no sólo parecen estarse convirtiendo en un aparato informal de inteligencia, pero en lo que simple y llanamente se conocen como actividades paramilitares.

Las batallas entre la CIA y el Departamento de Defensa son legendarias, pero durante los años de Bush alcanzaron un nuevo pináculo cuando el Pentágono, con todo el peso del dúo Cheney-Rumsfeld, monopolizó las tareas de recolección de información y relegó a la Agencia Central de Inteligencia a un segundo plano.

Obama y su nuevo equipo de seguridad, en principio, se propusieron restablecer las competencias de las agencias y devolver la situación a la normalidad. Pero, lo que un año y medio en el Gobierno y dos atentados terroristas fallidos están demostrado es que es mucho más fácil intencionarlo que lograrlo; mucho más fácil planearlo que ejecutarlo.

“El discurso del sábado en West Point”, afirma Will Inboden de la revista Foreign Policy, “es un gran ejemplo de las continuidades estructurales de la política exterior de Estados Unidos”. Esto es, aquellas realidades que ni la voluntad de un presidente pueden cambiar.

Se abre así una gran batalla hacía el interior del Gobierno; entre sus agencias de inteligencia, la cúpula militar y su mando civil reformista. Una batalla que aunque no será motivo de primeras planas todos los días, marcará la trayectoria de largo aliento de las agencias de seguridad del Estado. De cómo y en qué términos, en otras palabras, asuma el país más poderoso del planeta su relación con el resto del mundo.

Colofón

Increíble como algunos en México interpretaron la vista de Calderón a Washington la semana pasada como un éxito…—espejito, espejito, ¿quién es el más hermoso del reino?—…¿Qué hace falta para que se vea en su real dimensión? ¿Que una semana después de la visita Obama respalde un plan para enviar a más de 1,200 agentes de la Guardia Nacional a la frontera —la militarización de facto del conflicto— y solicite un aumento de 500 millones de dólares para el presupuesto de las tareas de vigilancia? No. Lo dudo. Ni una acción como ésa, cuyo significado es tan brutalmente claro, lo conseguiría.

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  1. Por Tweets that mention Exégesis | Diego Beas -- Topsy.com el %d 26UTC %B 26UTC %Y a las %H:%M 10Wed, 26 May 2010 10:50:20 +000020.

    […] This post was mentioned on Twitter by Alejandra Betanzo, Diego Beas. Diego Beas said: Mi columna de esta semana: La estrategia de seguridad nacional y los resabios de la Administración Bush. http://bit.ly/aUFGlJ […]