Radicalización

La derecha en Estados Unidos se radicaliza; desplaza su centro de gravedad y monta un asalto a las instituciones del Estado desde posiciones extremas y homófobas que están poniendo a prueba la capacidad del país para enfrentar y procesar discursos que son todo menos cívicos.

Ejemplos abundan; cada día vemos nuevas instancias en las que sectores importantes de ese Estados Unidos reaccionario atacan instituciones clave del país —la libertad de expresión, de culto, lo público para no ir más lejos—.

Dos grandes cismas están en su origen: por una parte provienen de grupos que luchan por achicar el tamaño del Gobierno, por simple ideología, sin importar el precio; en todas sus manifestaciones: de su capacidad para recolectar impuestos a su papel en la regulación ambiental. Por otra, grupos a lo que ya llegaré que ven atónitos cómo se erosiona su poder y papel en la sociedad contemporánea.

La radicalización comenzó con la elección de Obama en 2008. Entonces fueron los llamados birthers los que pusieron en duda el lugar de nacimiento del presidente recién electo y  arrojaron un manto de ilegitimidad sobre Obama y, por extensión, sobre la propia institución presidencial. El origen del movimiento se puede resumir en un tópico: grupos sencillamente incapaces de digerir la elección de un ciudadano negro a la presidencia. Sin reparos, se lanzaron a crear un mito en torno al lugar de su nacimiento. Por ridícula que pueda parecer la proposición, una encuesta reciente del Pew Research Center señala que más de una cuarta parte de la población del país tiene alguna duda al respecto.

En ese mismo sentido y con orígenes ideológicos similares, en las últimas semanas ha cobrado fuerza otro movimiento. El de los que quieren hacer un cambio a la decimocuarta enmienda, la que otorga la nacionalidad a cualquier persona que nace en territorio estadounidense. Una enmienda constitucional que se promulgó a finales del siglo XIX para dotar plenamente de derechos a la población negra y que hoy se ataca desde sectores que sobre todo aprovechan un momento de hartazgo respecto a la inmigración hispana para afianzar su poder.

En este grupo se encuentran senadores como Lindsay Graham, el iniciador del debate. Su caso es un buen ejemplo de este paulatino endurecimiento de posiciones que está llevando al Partido Republicano mucho más a la derecha de su centro histórico. Graham, un político moderado que ha oscilado en el centro durante la mayor parte de su carrera política, lee los vientos políticos y se corre con rapidez a la derecha.

Otro triste y revelador ejemplo es el de John McCain —alguna vez una voz moderada y sensata dentro del Partido Republicano—. Después del revés electoral de 2008, el senador de Arizona y ex candidato presidencial ha endurecido sus posiciones al punto de convertirse en uno de los principales obstáculos legislativos para mantener un debate informado en temas como la reforma al sistema de inmigración o la participación del Estado en la economía. Lo ha hecho, principalmente, por razones electorales.

Termino con la manifestación de intolerancia más reciente de estos grupos: la Cordoba House en el Ground Zero neoyorquino. Un centro musulmán propuesto para erigirse en parte de la zona donde se alzaban las Torres Gemelas. Una propuesta de Feisal Abdul Rauf, un imán moderado que quiere construir un centro comunitario que emule la tolerancia y buena convivencia que algún se practicaron en Cordoba, España, entre judíos, cristianos y musulmanes. Fantástica idea pensaríamos la mayoría.

Pues no. Sectores importantes de la derecha ya desenfundaron las espadas e intentan convertir la controversia en una confrontación entre los grupos más conservadores y obcecados y los más abiertos y tolerantes. La semana pasada el propio Obama se unió al coro que apoya la construcción del centro con un discurso inteligente y matizado explicando por qué albergándolo precisamente en ese sitio se reafirmarían muchos de los mejores valores que Estados Unidos ha defendido históricamente.

Una banda de desaforados encabezada por Sarah Palin, Newt Gingrich y la Fox News no sólo difiere, piensa sacar capital político de la situación: erigirse en defensora de la América blanca y cristiana que se siente ofendida por tal atrevimiento. Porque en el fondo eso es, lo que ata todos los casos mencionados no es otra cosa que la radicalización de un sector WASP (blancos, anglosajones y protestantes) al que no le está sentando nada bien ver cómo pierde peso e influencia.

Cosas del orgullo, la pedantería y el sentido de los derechos adquiridos.

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  1. Por Tweets that mention Radicalización | Diego Beas -- Topsy.com el %d 18UTC %B 18UTC %Y a las %H:%M 04Wed, 18 Aug 2010 04:45:31 +000031.

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