‘Dospuntocero’

Mientras el polvo del cataclismo electoral de ayer se asienta y los resultados finales nos dan un poco de perspectiva sobre el porvenir político en Estados Unidos, me centro en esta ocasión en un artículo publicado la semana pasada titulado Tecnología y Populismo (firmado por Jesús Silva-Herzog) en el que aunque se realiza un análisis certero sobre el marco general en el que se llevó a cabo la campaña electoral, se confunde el desarrollo y las versiones de un populismo digital, que, estrictamente hablando, no es un fenómeno nuevo.

Es cierto, como afirma Silva-Herzog, que la comunicación política —especialmente en Estados Unidos— está siendo transformada sustancialmente y a una velocidad vertiginosa. La responsabilidad, en gran parte, es de Internet  y la multiplicación de nuevos canales de comunicación. Del correo electrónico a las redes sociales, de la socialización del video como plataforma de intercambio de información a la centralidad que tiene ahora la instantaneidad. En su conjunto, están desmembrando un paradigma de comunicación que dominó la mayor parte del siglo XX (la del trinomio prensa escrita, radio y, especialmente, televisión) y que hoy, en la era de la ubicuidad de las redes, se dirige hacia paradero desconocido.

También es cierto que los nuevos canales y una mayor oferta informativa no siempre se traducen en una ciudadanía mejor informada. La advertencia ya la hacía, hace casi diez años, el académico Cass Sunstein en su Republic.com (Princeton University Press, 2001). Aunque después revisaría su argumento, Sunstein acertó de manera premonitoria al señalar que el crecimiento exponencial de los canales podría producir el efecto contrario al esperado: ciudadanos peor informados debido a que podían elegir una dieta informativa individualizada y a la carta (cayendo en lo que en Estados Unidos llaman cherry picking: utilizar sólo aquellos casos o datos que favorecen un determinado argumento y descartar el resto).

“El periodismo deja de ser una ventana”, escribe el autor de Tecnología y Populismo, “para convertirse en una cazuela de espejo. Información para confirmar lo que se piensa y para reforzar los prejuicios”. Sin duda, uno de los riesgos más importantes a los que se enfrentan las democracias modernas.

Sin embargo, en lo que Silva-Herzog falla es al identificar el tipo —o la versión— del populismo digital que explica el alza del movimiento conservador en Estados Unidos durante el ciclo electoral que concluyó ayer. Las estrategias de comunicación del Partido Republicano, el Tea Party y sus acólitos tienen muchos menos que ver con lo que pasó en 2008 —la primera elección presidencial de la era de Internet— y más con la de 1994: una elección marcada por el partidismo ideologizado de los medios. En aquel entonces un histriónico congresista de Georgia—Newt Gingrich— de la mano de un locutor de radio envalentonado —Rush Limbaugh— montaron un ataque a Bill Clinton y los demócratas que se saldó con un batacazo electoral, el cierre del Gobierno en el otoño del año siguiente y casi seis años de parálisis legislativa.

En este caso, las llamas de la ignorancia, los prejuicios raciales y la desinformación han sido avivadas principalmente por el mismo tipo de populismo que el de aquella histórica derrota demócrata —en varios aspectos aún más grave que la que acaba de sufrir Obama—. El populismo de la radio y, sobre todo, el de la televisión; el de los medios verticales y unidireccionales que durante la mayor parte del siglo XX determinaron en buena medida las formas de interacción entre ciudadanía y gobierno y que hoy pierden terreno. La principal diferencia, ahora, son sus cabezas: Rupert Murdoch —dueño de la Fox News—, Glenn Beck —conductor de la misma cadena— y Sarah Palin. El resto sigue intacto.

Si en 2008 se vislumbró la punta del iceberg al descubrir que Internet era una herramienta formidable para recaudar dinero, circunvalar a los medios tradicionales y, sobre todo, organizar y potenciar a unas bases hambrientas de cambio —Obama nunca hubiera podido derrotar a Clinton sin las nuevas herramientas— , 2010 ha sido un coletazo de los viejos medios que demuestran que siguen teniendo capacidad para influir y aglutinar. Especialmente a la derecha del espectro político. Un punto que no es menor si se considera que la naturaleza abierta y horizontal de las redes no sienta bien en cualquier ideología.

A esto hay que añadir por fuerza un aspecto que no por tópico es menos cierto: las elecciones de medio mandato nunca han generado —ni generarán— el nivel de debate y la movilización ciudadana que el de una presidencial.

El “hombre-cápsula” — que sólo escucha y ve lo que quiere— al que se refiere Silva-Herzog sin duda es real; pero no es producto de la multiplicación de canales que ha traído Internet. Al menos no la versión conservadora que acaba de asestar un duro golpe al partido en el Gobierno en Estados Unidos.

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  1. Por Tweets that mention ‘Dospuntocero’ | Diego Beas -- Topsy.com el %d 03UTC %B 03UTC %Y a las %H:%M 06Wed, 03 Nov 2010 06:31:08 +000008.

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