Reorganización

Nuevo Congreso; nuevas reglas políticas. Las siguientes son cuatro claves para entender el orden político que hace su debut hoy en Washington.

1) La mayoría Republicana en la Cámara de Representantes

La nueva mayoría en la Cámara Baja lo cambia todo. O casi todo. Cambia la forma en la que se opera la maquinaria política —el Congreso se erige como un cuasi órgano judicial que utiliza su poder mucho más que para legislar para fiscalizar al Ejecutivo—. Cambia la forma en la que se relaciona la Casa Blanca con Capitol Hill: si la relación con la mayoría Demócrata era tensa, ahora lo será muchos más. Y cambia, también, la forma en la que la que se mueven las palancas del poder: ahora los Republicanos decidirán sobre qué asuntos se centrará la atención y los recursos del Gobierno.

El primer botón de muestra lo vimos ayer cuando el Congreso decidió investigar a WikiLeaks y programó un voto para la semana que viene para intentar revocar algunas partes importantes de la legislación de la reforma sanitaria. Aunque ninguna de las dos iniciativas llegará muy lejos —el Senado sigue en manos Demócratas—, los Republicanos quieren dejar claro desde el principio que ahora son ellos los que ejercen el control.

2) La esencia del debate político

A partir de hoy y cuando menos hasta la elección presidencial de 2012 la esencia de la discusión política en Estados Unidos girará en torno al tamaño y las competencias del Gobierno. Los Republicanos llegan a Washington con tijera en mano decididos a recortar gastos y reducir competencias. El problema no es la discusión en sí misma de un techo adecuado de deuda o de si la Administración debería o no involucrarse en tal o cual asunto. La pobreza de este debate radica en la previsibilidad y obstinada ideologización con la que se enfrentan a él los Republicanos. No importa el tema en cuestión, la calidad de los argumentos, ni siquiera las cifras económicas incontestables que apuntan en direcciones muy claras; el objetivo está marcado y se dirigen a él sin titubeos.

Así, por ejemplo, es perfectamente válido y se persigue sin miramientos la rebaja constante de impuestos; sin detenerse un momento a considerar ya no sólo los efectos sobre el déficit, sino, sobre todo tomando en cuenta la coyuntura económica actual, las cifras que sugieren que desde hace diez años Estados Unidos se “americalatiniza” y camina con paso firme hacia convertirse en una sociedad mucho más desigual.

3) La Casa Blanca como agenda legislativa

Ha comenzado ya la lucha interna por la nominación del Partido Republicano a las presidenciales de 2012. Y el nuevo poder adquirido se utilizará principalmente para hacer todo lo posible para que, mucho más que convencer y ganar la Casa Blanca, los Demócratas la pierdan —una de las grandes desventajas de los sistemas bipartidistas: basta desgastar al rival para llegar al poder—.

Mitch McConnell, líder de la minoría en el Senado, reconoce públicamente que su máximo objetivo político es no permitir que Obama gane una segunda elección. No critico la dureza de la batalla política, pero si que las instituciones del Estado se utilicen como armas arrojadizas para este propósito. Los primeros síntomas de esta enfermedad ya están a la vista.

4) ¿Qué camino decidirá recorrer Obama?

Todo esto deja a Obama como principal comodín. Es decir, en medio de la polarización extrema y rigidez de los partidos, la Casa Blanca tendrá que elegir con cuidado y astucia por dónde transitar durante los próximos dos años. Como ya he repetido en este espacio varias veces, el discurso conciliador con el que Obama llegó a Washington ha caducado. Su sueño de liderar el cambio hacia una atmósfera política menos tóxica y extremista no se cumplirá. Por lo que lo único que le queda es adaptarse a las circunstancias y sacarles el mayor partido —precisamente lo que hizo a lo largo de diciembre para cosechar varios triunfos importantes—.

Lo más penoso del momento político actual es que muy probablemente los próximos dos años se consumirán en una lucha de poder interna que distraerá al país de temas más importantes. La renovación energética, la reforma del sistema de inmigración, la pérdida de poder frente a potencias emergentes, las crecientes desigualdades económicas; al parecer, tendrán que esperar.

Al igual que las personas, los países también eligen en qué desperdician su tiempo. Siempre ha sucedido y seguirá sucediendo. La diferencia está en que en el impaciente mundo actual, la factura es mucho más alta.