La reelección de Obama ha comenzando

La campaña para la reelección de Barack Obama ha comenzado. El anuncio oficial sucedió, cómo podía ser de otro manera, colgando un video en la página web que expone las intenciones del candidato y explica porqué es importante que sus seguidores se sumen desde ahora, 19 meses antes de los comicios.

Al igual que en 2007, la campaña se echa a andar con un video y un importante componente basado en Internet y su estructura horizontal que permite no sólo descentralizar esfuerzos, pero, también, centralizar otros que ayudan a escalar ambiciones y funcionar de manera mucho más eficaz como aparato nacional de manera muy rápida.

El anuncio en sí mismo no se puede considerar una sorpresa —el único presidente que no compitió por la reelección en las últimas décadas fue Lyndon B. Johnson—. Lo que sí resulta sorprendente quizá es la antelación y seriedad con la que el equipo del presidente se prepara para la contienda. La razón principal por la que Obama apretó el paso y realizó el anuncio ahora es porque la ley obliga a los candidatos a registrarse para comenzar formalmente a recuadrar dinero —las reglas electorales son muy estrictas en relación a lo que está permito en estos casos—.

Las primeras pistas sobre el tipo de campaña que emprenderá Obama están en el video de lanzamiento, titulado “It Begins With Us”. Dos minutos y medio en los que no aparece el candidato; en los que sólo hablan votantes que cuenten porqué es importante darle continuidad a la histórica campaña de 2008; en los que se explica porqué aquel esfuerzo merece ser refrendado.

Así, una primera aproximación a la estrategia de la campaña apunta a que se intentarán atar las elecciones de 2008 y 2012 como partes inseparables de un mismo proyecto —por el contrario y por citar un ejemplo, Bush se reeligió en 2004 utilizando la guerra de Irak como leit motiv—. Para que el esfuerzo inicial valga la pena, iría la lógica del mensaje, es esencial asegurar los ocho años de Gobierno.

Además de ofrecernos la primera ventana hacia lo que podría ser el proceso electoral de 2012, también nos da pistas importantes para entender la valoración que la propia Administración hace sobre los poco más de dos años recorridos y cómo cree de verdad que le valora la opinión pública.

A pesar de la oscilación constante de las encuestas en los últimos dos años, la nota acumulada, la que valoran desde el Ala Oeste, es buena. Con poco más de 50% de aprobación en estos momentos, la economía estabilizada y los números del paro en lento pero constante descenso, la percepción de la gestión de Obama no hará más que mejorar en los próximos meses. Según algunas estimaciones, llegaremos a noviembre de 2012 con una tasa de desempleo del 7,7%. Una cifra elevada todavía, pero claramente mejor de la de los escenarios que se plantearon al comienzo de la crisis. Y, sobre todo —debates ideológicos a parte—, indicativa de que en pocos años Obama ha logrado demostrar que es un gestor eficaz de la economía —un tema en el que históricamente el Partido Demócrata no ha sacado la mejor nota—.

También, la estrategia de reelección aporta elementos importantes respecto a la valoración que hace el equipo de campaña de Obama sobre los posibles rivales en el Partido Republicano. En estas mismas fechas en el proceso electoral anterior, el número de candidatos Demócratas que habían anunciado su candidatura sumaba ya unos cuantos —Obama, Clinton, Biden, et al.—. En este, en cambio, ningún Republicano lo ha hecho —al menos ninguno de los candidatos con posibilidades—. ¿La razón? Sólo puede ser una: el margen de maniobra para derrotar a Obama, estiman, es muy limitado. Nadie quiere oficializar su candidatura sin antes asegurar que existe un flanco suficientemente débil como para derrotarle.

Por ahora las posibilidades son pocas y han demostrado no tener recorrido. Han intentando hacerlo con la reforma sanitaria y la política doméstica. No han conseguido nada. Con su política exterior y el manejo de las guerras y crisis internacionales. Aún menos. Y lo han hecho también con la política fiscal y la expansión del déficit. Allí han tenido un mejor resultado que ahora tiene al Gobierno federal al borde del cierre. Sin embargo, ni eso será suficiente. Y, manejado correctamente por los Demócratas y tal como sucedió en 1996, sólo dejará en evidencia la intransigencia Republicana.

Desde la perspectiva actual, la campaña que comenzó el lunes se perfila no como una lucha de propuestas e ideas claramente diferenciadas. Sino, como una batalla monolítica en la que los Republicanos intentarán machacar a Obama con el déficit y la expansión del Gobierno. Poco, parece, se discutirá al margen de este aspecto.