¿Ha llegado a su fin la ‘Pax Americana’?

Las recientes tribulaciones políticas en Estados Unidos han abierto un interesante debate cuyo alcance va mucho más allá de los temas en liza —el gasto, la deuda, la confrontación entre partidos—. El debate y acuerdo sobre el techo de la deuda tuvo como resultado una agresiva agenda de recortes en el presupuesto de defensa y seguridad nacional que súbitamente han puesto sobre la mesa la pregunta de hacia dónde se dirige el país y si podrá sostener el nivel de participación que ha tenido a lo largo y ancho del planeta en los últimos 60 años. En otras palabras, ¿cómo cambiará el papel estratégico de Estados Unidos en el mundo debido a los fuertes recortes presupuestarios y la confrontación política en Washington?

La pregunta es muy amplia y por ahora interesa principalmente a aquellos que buscan perfilar políticas estructurales de largo plazo. Think tanks, universidades y funcionarios de distintas agencias federales que están imaginado cómo será el mundo y qué papel deberá jugar Estados Unidos en diez, quince o veinte años. Sin embargo, y tomando en cuenta la influencia del país en el sistema internacional, vale la pena detenernos y ubicar los contornos de un debate que podría traer importantes consecuencias a diferentes regiones del mundo en un plazo más corto del imaginado.

El acuerdo alcanzado en el Congreso exige, en una primera ronda, alrededor de un billón de dólares en recortes a lo largo de los próximos diez años. De éstos, alrededor de una tercera parte son para las áreas de seguridad nacional y defensa. Más aún, en una segunda ronda que tendrá que ser negociada por un comité especial, se contemplan recortes adicionales que podrían alcanzar los 400.000 millones. En total, posibles recortes de alrededor de 750.000 millones.

Cantidades nada despreciables que aunque no arruinarían al Pentágono sí lo obligarían a hacer cambios que modificarían de manera sustancial la forma en la que el país se involucra y garantiza la seguridad en amplias zonas del planeta.

En un artículo reciente en Foreign Affairs, Michael Mandelbaum se pregunta: “Estados Unidos, necesariamente, podrá hacer menos en el futuro de lo que hizo en el pasado; así que, ¿qué partes de la política exterior deberán ser eliminadas?” El profesor y analista de política internacional da ya por hecho que ante el nuevo escenario el país está forzado a eliminar programas y reducir su participación —lo que en jerga militar llaman footprint—. Según Mandelbaum, el candidato más viable es el tipo de operación que hemos visto a lo largo de las últimas dos décadas. Intervenciones como las de Somalia, Haití, Bosnia, Kósovo, Afganistán e Irak serían eliminadas de la baraja de la política exterior. Intervenciones costosas, pesadas —equipo y personal sobre el terreno— y en las que es difícil valorar el éxito —y por ello difícil justificar vis à vis los intereses nacionales—.

Un cambio de estrategia de estas características tendría innumerables consecuencias. Para el Ejército y para la forma en la que se entiende la seguridad internacional.

En el primer caso, modificar el papel que tiene el Ejército podría ahondar aún más la confrontación política. En un comentario reciente, Fareed Zakaria animaba a los Republicanos a analizar con detenimiento el gasto militar y asumir una visión más realista sobre sus alcances y limitaciones. Un sistema, asegura Zakaria, de “subsidios, políticas de adquisiciones, pensiones y sistema de salud” que hoy día no es otra cosa que la economía socialista más grande del planeta. El military-industrial complex de Eisenhower pero, ahora, con un presupuesto mucho más limitado. Si los recortes son de las dimensiones que se anuncian, la batalla política será larga y divisiva.

En el segundo punto, podemos estar ahora sí frente al fin definitivo de la pos guerra fría. El sistema de seguridad que Estados Unidos construyó después de 1945 y que ha mantenido en pie con sus recursos y soldados podría estar a punto de sufrir un cambio que lo altere de manera definitiva. Entre muchas otras facetas, Mandelbaum nos recuerde, este sistema se caracteriza por: el dólar como moneda de reserva mundial y el mercado más grande y dinámico del planeta; la salvaguarda de las rutas comerciales más importantes: el Pacífico, el Atlántico y el golfo Pérsico; así como una presencia militar en Europa y el este asiático que ha garantizado la estabilidad de ambas regiones.

Es fácil criticar el papel y las decisiones que ha tomado Estados Unidos en el último medio siglo; mucho más difícil será garantizar la estabilidad y seguridad mundial el día en que esa responsabilidad ya no esté solo en manos de Washington.