Diego Rivera en Nueva York

Ochenta años después de su primera exposición en el MOMA de Nueva York —solo la segunda retrospectiva presentada en el museo—, Diego Rivera vuelve para celebrar el aniversario y reconectar con el público de la ciudad.

Titulada simplemente “Murales para el Museo de Arte Moderno”, la exposición presenta el trabajo que realizó Rivera por encargo del museo y que tiene entre otros temas a la propia Nueva York. Sobre todo, el contexto social y político de la ciudad en los años treinta del siglo pasado; los años de la crisis, el desempleo, la industrialización en ciernes. Los “murales portátiles” los realizó in situ en seis semanas durante 1931.

Pintó a la ciudad; las varias capas socioeconómicas que la componen; los imponentes rascacielos; el creciente poder financiero representado por una bóveda en la que los industriales guardan su dinero.

Consideraciones estéticas aparte, escribo sobre el tema por un contraste que captó mi atención.  Al hacer una lectura del contexto —político y económico— en el que pintó los murales Rivera y el marco amplio de la crisis por la que hoy atraviesa Estados Unidos, surge de manera inquietante la pregunta de qué sacó al país de aquella depresión y qué se está haciendo hoy para corregir el curso.

En 1931 el proyecto de desarrollo económico más ambicioso de la ciudad era la construcción del Rockefeller Center. Un centro cultural y de negocios lanzado por John D. Rockefeller con la intención de impulsar la economía, generar empleo y sentar las bases del crecimiento del futuro.

En 1931 comenzó también la construcción de una de las obras públicas más ambiciosas en la historia de este país. El Hoover Dam. Un dique sin precedentes en la historia de la ingeniería que se lanzó en parte para resolver problemas fluviales del río Colorado, pero también para estimular la economía y promover el empleo.

Hace unas semanas un columnista de The Economist hacía un reflexión interesante al plantearse una sencilla pero reveladora pregunta a propósito de la magnitud e importancia de la obra que significó el Hoover Dam. Con tecnología más avanzada, mayores recursos y más mano de obra disponible, ¿podría Estados Unidos hoy construir una obra a escala similar? No, responde el columnista. La combinación de la fragmentación política a nivel regional y nacional, el papel que tienen hoy día las grandes infraestructuras y el escaso presupuesto público lo impedirían.

En esa misma época y como consecuencia de la depresión Nueva York experimentó un crecimiento exponencial en el número de edificios y desarrollo inmobiliario —algunos de los motivos que capta Rivera en sus murales para el MOMA—. Una vez más, grandes infraestructuras por las que se apostaba como motor económico presente y futuro. Una combinación de recursos públicos, privados y voluntad política al servicio de un proyecto nacional de construcción de largo plazo que veía más allá de las divisiones ideológicas y partidistas.

Lo que la exposición deja claramente de manifiesto es el pobre contraste que ofrece la situación política y económica actual. Ante una depresión económica que en algunos aspectos ciertos economistas califican como comparable, ¿qué se está haciendo? ¿Cuál es el equivalente contemporáneo de esa apuesta de futuro que nos saque de las profundidades cavadas por la codicia financiera? Más aún, ¿se reivindica hoy —como se reivindicaba entonces— una noción clara de qué constituye el desarrollo de lo público, de aquello que tiene un beneficio social sin necesariamente tener la mayor rentabilidad económica?

Las respuestas abreviadas son: poco; no existe; y lo público como valor social ha perdido peso en una cultura política dominada por la división y la sospecha de todo aquello que lo reivindique.

Por las vías más inesperadas el valor de lo público comienza a ser reivindicado nuevamente desde una sociedad civil harta de la división política. Al comienzo de una campaña presidencial, la pregunta entonces se vuelve: ¿lo entenderá e incorporara la clase política? ¿Servirá la elección y el debate que suscite para reivindicar la importancia de lo público en la construcción social?

Dos preguntas que propongo como marco para analizar los múltiples discursos y propuestas que ya han comenzado a lanzar los candidatos.