Obama configura su contraofensiva

Obama penetra en territorio enemigo. En Osawatomie, Kansas, la pasada semana, traspasó las defensas Republicanas y lanzó uno de los discursos más interesantes y desafiantes de la todavía joven contienda electoral. ¿El tema? Cómo atajar la desigualdad y el papel que le corresponde jugar al gobierno. Lo hizo donde había que hacerlo: en un bastión Republicano. Desde esa América profunda que desconfía del gobierno genéticamente y prefiere respaldar a un partido que vota en contra de sus propios intereses antes que por uno que tímidamente reivindica lo público.

En el discurso Obama citó la experiencia de sus abuelos durante la Segunda Guerra Mundial: “él era un soldado en el frente; ella trabajaba en una fabrica de aviones de combate. Ambos creían en una América en la que el trabajo se pagaba justamente, en la que la responsabilidad individual se recompensaba, en donde cualquiera que se esforzara podía triunfar, sin importar quién era o de dónde venía”.

Habló, con claridad y sentido de la historia, de cómo el país se ha enfrentado a diversos momentos críticos y cómo han sido los grandes esfuerzos colectivos —dirigidos desde el Estado— los que han logrado no solo sacar al país adelante, sino fortalecerlo y sentar las bases de futuro.

Habló también —deletreando y sin ambigüedades; una práctica poco habitual en el Partido Demócrata— del tipo de políticas que no funcionan. “En 2001 y 2003 el Congreso aprobó dos de los recortes de impuestos para los ricos más costosos de la historia. ¿Qué sucedió? Conseguimos el ritmo de crecimiento más lento del último medio siglo”. Más todavía: los recortes provocaron “déficits masivos que han hecho mucho más difícil financiar grandes inversiones y las seguridades básicas que han ayudado a millones de americanos a llegar y mantenerse en la clase media”.

Este es el tipo de discurso del que ha rehuido el Partido Demócrata desde hace varias décadas, cuando se refugió detrás de uno reactivo que lo ha debilitado y puesto contra las cuerdas. Aunque quizá no sea el más efectivo en términos electorales, en los tiempos que corren es imprescindible que se planteé por lo que es: un debate de ideas con implicaciones muy distintas.

Obama comienza a encontrar el tono de un discurso más combativo que saca a los Republicanos de su zona de confort y les exija explicaciones de una serie de fallos en el diseño de sus políticas por los que nunca han respondido.

“No podemos simplemente volver a ese tipo de economía de ‘cada quien por su cuenta’ si realmente pretendemos reconstruir la clase media de este país”, dijo Obama. Sabemos, continúo, que esa economía no crea una prosperidad que se distribuye equitativamente. Y atacó frontalmente el “trickle down economics” de Reagan, todo un credo Republicano que hasta ahora pocos Demócratas se han atrevido denunciar por lo que realmente es: una chapuza ideológica que intenta blindar moralmente la disparidad en los ingresos y que en la práctica está lejos de conseguir lo que propugna.

El reto para Obama ahora es convencer al electorado no solo de que realmente cree en ello, sino de que sabe cómo conseguirlo políticamente. El flanco más débil del presidente, en mi opinión, es esa contradicción entre sus encendidos —y elocuentes— discursos de campaña y el cuidado excesivo —que no temeroso, como muchos otros le denuncian— con el que ha utilizado el poder que le confiere el Despacho Oval. La mía no es una crítica a esa contradicción —confío plenamente en su capacidad para gestionar y reconocer los límites de su capital político—, sino un señalamiento de que en términos de opinión pública y capacidad para entusiasmar al electorado se enfrentará ante un votante escéptico que no sabe si creerle del todo.

El domingo, en entrevista para la revista dominical 60 Minutes, Obama dio un paso más en la ocupación del frente enemigo. Rechazó enfáticamente la acusación de que hablar sobre desigualdades de ingreso o nuevos impuestos constituya “guerra de clases” —una arma arrojadiza utilizada con frecuencia en el discurso Republicano para boicotear el debate—.

Pocas cosas importan más en estos momentos que un líder capaz de desmontar esos tópicos; de lanzar una contraofensiva que redefina los términos del debate.   De propiciar una conversación franca sobre lo que realmente está ocurriendo en el país. Obama, parece, está decidido a hacer lo que le toca.

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  1. Por Bajo el fuego amigo: todos contra Newt Gingrich | Dialoga Consultores el %d 10UTC %B 10UTC %Y a las %H:%M 04Tue, 10 Jan 2012 16:15:09 +000009.

    […] de la América profunda, lo ejemplifica: recomiendo la lectura del post de Diego Beas “Obama configura su contraofensiva“), circunstancia a lo que no es ajena, como han destacado numerosos analistas, la dimisión […]