El marco amplio de la administración Obama

Tres años después de asumir las riendas del gobierno comienza a surgir un relato más complejo, matizado y completo de Obama. De Obama gobernante; Obama jefe de Estado; Obama, como solía decir George W. Bush, como “the decider”. Es decir, como último eslabón de una larga y complicada cadena de mando que se llama gobierno.

En su discurso de anoche, el cuarto State of the Union, Obama presentó un alegato mitad postulación electoral mitad defensa de 36 durísimos meses de gobierno marcados por algunas de las decisiones más trepidantes de la historia reciente. En temas tan distintos como política económica, amenaza terrorista, política sanitaria o la nunca fácil decisión de lanzar una guerra, Obama ha sujetado el timón con firmeza y tomado medidas extremadamente difíciles que han estabilizado a un país al borde del abismo y trazado un curso claro para salir del atolladero.

La suma de las decisiones y el tiempo transcurrido, pues, comienzan a coger forma, consistencia, hondura; se comienza a dibujar un marco que permite poner en contexto las acciones de la administración y entender mejor el juicio del gobernante.

En un largo y muy recomendable artículo publicado esta semana, Ryan Lizza de The New Yorker hace un recuento de algunas de las decisiones clave del Gobierno basándose en documentos que ven la luz pública por primera vez.

El 15 de diciembre de 2008 —un mes antes de asumir la presidencia—, Obama recibió un informe de 57 páginas firmado por Larry Summers que detallaba el estado de la situación económica. La primera hoja de ruta utilizada por el Gobierno para enfrentar el temporal; la base sobre la que se diseñó la estrategia de reacción rápida para rescatar una economía al borde del colapso.

El debate sobre el tamaño del estímulo económico con el que Obama inauguró su presidencia, ahora lo sabemos, fue vigoroso y contempló escenarios que iban desde los 500.000 millones hasta el billón de dólares. La cifra final —787.000 millones— se alcanzó después de un intenso debate interno en el que, lamentablemente, las consideraciones políticas terminaron imponiéndose al consejo económico —que, debido a la gravedad de la situación, pedía una cifra considerablemente más elevada—.

De manera más amplia, el texto de Lizza nos acerca a diversas coyunturas críticas en las que la figura de Obama emerge como un realista entre los realistas: un líder capaz de cerrar en fracción de segundos el diferencial entre lo deseado y lo posible y establecer una estrategia concisa para conseguirlo. Se trate de cómo se negoció la reforma al sistema sanitario —el mayor triunfo legislativo del presidente— o en la insistencia personal de Obama en que el equipo al que se le asignó la tarea de asesinar a Bin Laden fuera respaldado por un helicóptero de emergencia —pieza clave para el éxito final de la misión—.

Una conclusión similar se puede extraer de otro artículo publicado recientemente a propósito del tercer aniversario de Obama. Este lo firma Andrew Sullivan, un bloguero conservador. Titulado How Obama’s Long Game Will Outsmart His Critics, el texto es un lúcido alegato que invita a dar un paso atrás y valorar al presidente no desde las rencillas ideológicas de Washington, sino, desde una perspectiva estratégica de largo alcance. Para entender a Obama, dice Sullivan, “es necesario establecer una mirada amplia. Porque así es como piensa él”.

Buena parte de la impopularidad del presidente —termina su tercer año de gobierno con el porcentaje acumulado más bajo, 44,4%—, se debe precisamente a una lectura de corto plazo del personaje y su agenda. Tanto desde la derecha como desde, sobre todo, la izquierda. Desde hace tiempo he insistido aquí en que la única manera de valorar el éxito —o fracaso— de Obama será computando el resultado agregado de su gobierno. Lo digo, sobre todo, porque así está planteada su estrategia; nunca ha apostado por el rédito político fácil o de corto plazo.

Por lo pronto, Obama ha demostrado ser un líder capaz de tomar decisiones difíciles en tiempos extremadamente complicados. Decisiones que, se comienza a establecer con claridad, fueron fundamentales para alejar al país del precipicio y le han dado la estabilidad necesaria para que hasta el über crítico de la administración, Paul Krugman, comience a ver luz al final del túnel. Si Obama es capaz de convertir esa estabilidad en cuatro años más de gobierno que le permitan imprimir su sello, es otra cuestión.

2 Comentarios

  1. Publicado el 28 enero, 2012 a las 7:22 | Permalink

    Buen planteamiento Diego. Comparto tu análisis. Influido por las críticas de izquierda he compartido que la obsesión por el consenso con los republicanos era un error. ¿Es a eso a lo que te refieres cuando dices que “lamentablemente, las consideraciones políticas terminaron imponiéndose al consejo económico” en los momentos de decidir cuánto dinero insuflar al sistema.
    A algo de esto me refería en http://www.elpais.com/articulo/opinion/retos/Rubalcaba/elpepiopi/20110923elpepiopi_4/Tes

  2. Publicado el 13 febrero, 2012 a las 4:44 | Permalink

    Una disculpa por la demora en mi respuesta Ignacio (por un error en la configuración del blog hasta ahora veo el comentario).

    Más que a la pugna entre partidos, me refería a cómo se conformó el consenso dentro del equipo económico de Obama. En síntesis, Christina Romer (preocupada sobre todo por consideraciones económicas) contra Larry Summers, Peter Orzag y Tim Geithner (preocupados el juego político de Washington y la posible reacción de los mercados).

    Romer dijo desde el principio que el tamaño del estímulo era insuficiente. El resto del equipo le cortó las alas e impidió que su posición se discutiera directamente con Obama.