El siglo XX de Tony Judt

Uno de los clichés más vacuos de las primarias republicanas consiste en utilizar a Europa —sobre todo a Francia— para comparar y burlarse de las políticas que, según el análisis de varios de los candidatos, sigue el gobierno actual. La administración Obama, dijo Mitt Romney en un discurso reciente, está “convirtiendo a Estados Unidos en un estado de bienestar tipo europeo…envenenando el espíritu del país e impidiendo que continuemos siendo una sola nación bajo el cuidado de Dios”.

A lo que Newt Gingrich respondió con un anuncio en televisión acusando a Romney de…hablar francés. Sí, de conocer la lengua de un país con un Estado central y fuerte; una característica peyorativa que, en la visión de Gingrich, lo descalifica para ser presidente.

Utilizo la pobreza del debate republicano como introducción al tema que en realidad me interesa: el libro póstumo de Tony Judt, Thinking the Twentieth Century. Una conversación entre el historiador británico y Timothy Snyder, historiador estadounidense. Cuando Snyder supo que Judt fue diagnosticado con ELA (esclerosis lateral amiotrófica), le propuso una serie de charlas sobre el intrincado desarrollo de las ideas políticas a lo largo del siglo XX. El resultado es un espléndido texto que cuenta la evolución política del siglo desde la perspectiva personal de Judt.

De su interés precoz por el socialismo agrario francés de principios de siglo al rol del intelectual en la era de Twitter y el déficit de atención ciudadano; de la factura política del sionismo de mediados de siglo al fracaso de la política exterior de Washington al abordar el conflicto palestino-israelí; y del papel de la socialdemocracia en el debate político actual al énfasis perverso que pone la academia estadounidense en lo que Judt llama las “hyphenated identity histories” (la retahíla de áreas de estudio que abordan las universidades sin ningún rigor metodológico).

Un complejo mosaico, pues, con el que el par de historiadores reconstruyen la historia de las ideas del siglo XX y aportan algunas de las claves para entender el actual.

Resulta particularmente interesante —y relevante para el debate actual— el espacio que dedican a hablar sobre el papel de la izquierda europea en el periodo de entreguerras. La falta de imaginación de la “izquierda democrática durante los años veinte y hasta la Gran Depresión”, afirma Judt, “dejó a los fascistas con un cheque en blanco, libres para proponer ideas económicas radicales sin oposición alguna”.

Si extrapolamos algunos de los debates de entonces y los enmarcamos en el contexto de la crisis económica más importante desde la Gran Depresión, surgen interesantes paralelismos entre dos izquierdas a la deriva, carentes de ideas e iniciativa.

En una extraordinaria reflexión que nos remite a la idea con la que comencé, Judt traza las líneas maestras que explican no solo la fobia del conservadurismo estadounidense al modelo europeo y la intervención del Estado en la economía, sino también, el escollo que tendrán que superar las agendas progresistas para recuperar la iniciativa en el discurso económico.

“Hayek, escribiendo desde la experiencia austriaca y en contraposición consciente a Keynes, argumenta en Camino de servidumbre [1945] que la intervención —cualquier tipo de planeación, cuan bien intencionada y en cualquier contexto político— termina necesariamente mal”. Siguiendo este razonamiento, “la planeación socialista en Viena después de 1918 tuvo como consecuencia la aparición de una figura como Hitler…para Hayek, en pocas palabras, la lección austriaca se reduce a esto: no intervengas, no planees. La planeación le cede la iniciativa a aquellos que terminan destruyendo la economía y la sociedad en beneficio del Estado. Tres cuartos de siglo después, esta sigue siendo para muchas personas —sobre todo en Estados Unidos— la lección moral más importante del siglo XX”.

La izquierda —sobre todo en Estados Unidos— volverá a ser relevante cuando logre desmontar esta lección mal digerida. Y esto, dice Judt, solo lo provocará una gran crisis. La de 2008, la implosión económica más importante desde la Gran Depresión, no fue suficiente.

2 Comentarios

  1. Carlos Lartigue
    Publicado el 15 febrero, 2012 a las 9:06 | Permalink

    Felicidades Diego, un excelente articulo.

  2. segismundo
    Publicado el 16 febrero, 2012 a las 11:21 | Permalink

    Interesante y muy refrescante el analisis de los tiempos modernos que vivimos,algo bueno en una politica de los 80′ o de los 90′ ya es anticuado para el presente.Siempre esta atrasada,desfasada a la realidad social y politica de una nacion o del mundo entero.gracias por su analisis.