El elefante, la escopeta y la Viagra

En su largometraje de 2003, Elephant, Gus Van Sant logra hacer algo que pocos directores estadounidenses han conseguido: abordar el tema de los efectos de las armas de fuego sin moralizar, apuntar el dedo o recurrir al histrionismo ramplón para construir la historia.

Lo que sí hace Van Sant es tejer con cuidado las escalofriantes últimas horas de Eric Harris y Dylan Klebold, dos adolescentes de los suburbios de Denver que un buen día de abril de 1999 empuñaron las armas y se pusieron a matar a mansalva a compañeros de escuela. A lo largo de la película, que reconstruye el día de la matanza, flota la pregunta —solo flota, nunca se enuncia— no solo de dónde se ubican los resortes psicológicos que llevan a cometer tal atrocidad, sino por qué un par de adolescentes tendrían fácil acceso a un pequeño arsenal de guerra.

Las estadísticas, para todos aquellos que nos oponemos a la libre circulación de armas, son espeluznantes: 300 millones de armas en manos de ciudadanos: 106 millones son pistolas, 105 rifles (incluyendo de alto calibre) y 83 millones escopetas. Esto equivale a un poco menos de un arma de fuego por habitante.

El tema vuelve a saltar en los medios por dos razones: porque estamos en año electoral (y puede traer consecuencias políticas) y por el asesinato en febrero de un adolescente negro en Florida presuntamente a manos de un policía.

Lo que Van Sant sabe bien —y Obama también— es que abordar el asunto desde la confrontación moral directa no solo no consigue reducir el número de armas en las calles, en muchos casos solo dota de munición a aquellos que reivindican de manera cuasi religiosa su derecho a portarlas; los dota de razones para sentir amenazada su libertad y defenderla con más fuerza. Se aborde desde la cultura o desde la política, el tema es tremendamente complicado. Por muchas razones. Porque el derecho a portarlas está consagrado en la segunda enmienda de la constitución; porque el país tiene una enraizada (e idealizada) cultura de la defensa individual; porque la industria de las armas factura miles de millones en ventas; y porque la National Rifle Association, el lobby de la industria, se ha convertido en uno de los grupos de presión más poderosos y eficaces de la política estadounidense.

Por ello, son pocos los que se empeñan hoy en intentar combatir esta lacra denunciando la posesión o venta de armas. La fallida estrategia del gobierno mexicano, por ejemplo, de intentar involucrar a Estados Unidos en el combate al narcotráfico a través de la denuncia de la venta de armas solo ha conseguido arrinconarlo y que hoy Washington haga oídos sordos a sus llamados.

Incluyendo a la prensa. En un largo artículo publicado la semana pasada sobre la complejidad del tema en el prestigiado semanario The New Yorker, el argumento de México y la venta de armas en la frontera no aparece una sola vez. En The Guardian —el diario británico que intenta abrirse espacio en el mercado estadounidense— un artículo de fondo analizando el debate de la legislación de las armas tampoco consideraba relevante abordar el argumento puesto sobre la mesa por el gobierno mexicano. ¿Por qué? Porque no tiene fuerza política. Porque pensar que con la denuncia se cambiará la visión de los estadounidenses sobre las armas —o, todavía más complicado, la Constitución—, es iluso. Porque el tema se ha denunciado ya hasta la saciedad y en Washington todos lo saben. Todos, en resumen, saben que el elefante está ahí; el problema, el que nadie sabe resolver, es qué hacer con él.

No. La solución no pasa por ahí. La posesión y venta de armas no se reducirá en el corto plazo, lamentablemente. El escenario sí puede cambiar, como apunta con atino The Economist, al cabo de una generación. Mayoritariamente, la posesión y compra de armas se concentra en un grupo demográfico: hombres, blancos, que viven por lo general en poblaciones rurales. O sea, WASP. El grupo demográfico que más rápido decrece. Solo hace falta hojear, sugiere el semanario británico, las revistas especializadas en armas. ¿Qué aparece a lado de los reportajes sobre pistolas y bazucas? “Publicidad de productos de jardinería y Viagra”.