La guerra cibernética como nuevo frente exterior

Desde hace años se especula con el uso de armas cibernéticas por parte de los estados. De su uso como una ficha más en una estrategia más amplia de ofensiva y desestabilización; de la posibilidad de luchar guerras y ganar batallas desde las redes. O, lo que es lo mismo, de trasladar las trincheras físicas del campo de batalla a los nuevos espacios virtuales.

Ya en 1983 Hollywood jugaba con la posibilidad en War Games, una historia en la que una máquina no puede distinguir entre simulación y realidad y desata una serie de eventos que sobrepasan el control humano y amenazan con desencadenar una tercera guerra mundial. El mensaje de la película, en plena recta final de la guerra fría, era claro: la destrucción mutua asegurada no solo se consigue desde el aire o enfrentando a batallones; existen nuevos frentes que pueden resultar igual o más inquietantes.

Desde hace décadas el Pentágono y las agencias de inteligencia cuentan con divisiones especializadas en temas cibernéticos —la idea de Internet y su infraestructura básica surgió de un proyecto secreto del Departamento de Defensa—. Aunque los programas eran secretos se sabía de manera general hacia dónde apuntaban las nuevas formas bélicas.

Lo que no sabíamos hasta el viernes pasado era el grado de sofisticación e importancia que han alcanzado este tipo de programas en el arsenal de guerra del Departamento de Defensa; hasta dónde se han desarrollado y la importancia que han alcanzado en la jerarquía militar. Y por la jerarquía militar me refiero a su círculo más alto: el comandante en jefe y sus principales asesores militares. Sí, Obama, de la mano de algunos de los generales de más alto rango han dirigido y decidido los detalles de la ofensiva cibernética más estructurada de la que se tiene noticia hasta la fecha. Una operación dirigida en contra de Irán y su central nuclear en Natanz, en el centro del país. El viernes, en una investigación especial, el New York Times revelaba por primera vez que un virus informático tremendamente sofisticado y destructivo que infectó millones de sistemas en 2010 era obra de nada menos que el Pentágono. Del Pentágono y de la inteligencia israelí. Un esfuerzo conjunto de los dos países por utilizar la guerra cibernética para hacer frente a los esfuerzos iraníes de desviar su programa de energía nuclear a otros fines. Las nuevas revelaciones las conocemos gracias a una extensa investigación de David Sanger, el corresponsal especial del diario en temas de seguridad.

Aunque la ofensiva cibernética comenzó en los últimos años de la administración Bush, Obama no solo decidió continuarla, sino que apostó firmemente por otorgar el poder necesario para que el Ejército la ampliara y buscara nuevos frentes de aplicación. Conocido como Stuxnet, el virus estaba diseñado específicamente para introducirse en los sistemas de control de la central nuclear y, en una primera fase, enviar información de vuelta sobre las características de la instalación; en una segunda, buscaba directamente tomar control de los reactores nucleares.

El programa militar ultra secreto se estrelló en 2010 cuando un error en la programación del virus llevó a que este se reprodujera fuera de los sistemas iraníes e invadiera múltiples otras redes. Fue entonces cuando se supo por primera vez de la existencia de Stuxnet. Lo que muy pocos sabían entonces era quién estaba detrás y con qué objetivos se había creado.

La revelación del Times la semana pasada es importante porque nos ubica en la dimensión real que está adquiriendo este nuevo frente en la estrategia global del Ejército estadounidense. La guerra cibernética junto con los ataques de aviones no tripulados (drones) se están convirtiendo en dos de los pilares de lo que quizá pronto se denomine la doctrina militar Obama. Una doctrina que, en caso de afianzarse, plantearía una serie de problemas éticos, de seguridad y de cumplimiento de las normas de la conducta de la guerra de la mayor gravedad.

Posdata
Las cifras de desempleo publicadas el viernes por el Bureau of Labor Statistics son simplemente desastrosas para Obama. 69.000 nuevos empleos en mayo. 80.000 por debajo del número considerado necesario para conseguir la reelección en noviembre. Se encadena el segundo mes en el que las expectativas de crecimiento no se cumplen. Se confirma el escenario más temido por la Casa Blanca: tercer año consecutivo en el que después de un comienzo de año con crecimiento económico fuerte, la primavera lo ralentiza. A diferencia de los últimos dos años, en 2012 esta tendencia por sí sola bien podría forzar el relevo en la Casa Blanca.