Obama reta al Congreso en la inmigración

La semana pasada escribía sobre cómo el debate de la reforma al sistema de inmigración se ha alejado de la política. Dos días después, esta comprobación contundente de la tesis: Obama, utilizando el poder del Despacho Oval, reta y circunvala al Congreso al ordenar directamente a la secretaría de Seguridad Nacional dejar de perseguir a inmigrantes indocumentados que fueron llevados a Estados Unidos por sus padres.

Una decisión unilateral, controvertida —los medios de la derecha titulaban “amnistía encubierta”— y, en última instancia, muestra inequívoca de la disfunción a la que ha llegado la discusión política en torno a la inmigración.

Comencemos por descifrar qué es y qué no es la medida. ¿Amnistía, legalización o reforma inmigratoria encubierta, como acusan sectores conservadores?  De ninguna manera. La medida es un simple memorando —ni siquiera es una orden ejecutiva— que guía y determina prioridades desde lo más alto del gobierno a las diversas agencias federales que tienen competencia en el tema. En otras palabras, ni se está cambiando la ley ni se está promulgando una nueva. Se está decidiendo, únicamente, la forma en la que el gobierno determinará sus prioridades dentro del marco legal ya existente.

¿Entonces, por qué la atención mediática? En primer término porque, como ya decía, Obama toma la decisión en solitario y, en última instancia, lanza en clave interna un reto al Congreso: o se activa la discusión amplia sobre la reforma migratoria o desde el Ejecutivo se tomarán medidas para dejar claro que la parálisis está en el legislativo. En segundo término, porque aunque la medida no cambia la ley ni altera el statu quo, es lo más importante que ha sucedido en el tema en bastantes años. Es un síntoma de que si no es por la vía de la discusión política y el consenso legislativo, el tema avanzará al margen de la política.

Desde el comienzo la administración Obama ha seguido una política en el tema que tiene una doble estrategia. Por una parte, aplica con más rigor la ley actual —de esta forma se cubre el flanco derecho—. Esto necesariamente significa tres cosas: una aplicación más estricta de castigos a aquellos que emplean a inmigrantes indocumentados; un mayor número de deportaciones —el gobierno actual es el que más inmigrantes ha deportado—; y mayor vigilancia en las fronteras. En segundo término, la estrategia ha implicado revisar a fondo la forma en la que se aplica la ley actual. Identificar a los distintos grupos de inmigrantes sin papeles y establecer prioridades en cuanto a cuáles se persiguen. Así, el año pasado por ejemplo, se determinó —de manera similar al anuncio de la semana pasada— que grupos específicos iban a dejar de ser una prioridad para las autoridades. Personas mayores, sus cuidadores, estudiantes y aquellos con títulos universitarios pasaron a un segundo término en la jerarquía de la secretaría de Seguridad Nacional.

El nuevo memorando centra su atención en jóvenes que entraron en Estados Unidos con sus padres con menos de 16 años y que hoy no rebasan los treinta; establece a este grupo como nueva categoría y lo blinda temporalmente rebajando la importancia que tiene en las prioridades de las autoridades de inmigración. Además de blindarlo, permite que los miembros del grupo soliciten permisos temporales de trabajo.

El objetivo de la medida es claro: intentar desatascar las aguas políticas de la gran reforma que se ha buscado desde hace una década al tiempo que Obama se cuelga una medalla —aunque sea simbólica— en un tema que será clave después de la elección de noviembre.

Otra forma de entender el anuncio es enmarcándolo de manera más amplia en los cambios demográficos que está sufriendo el país: desde su configuración racial hasta las nuevas fuentes de trabajo y expansión económica. En días recientes el Pew Research Center daba a conocer que, por primera vez, los asiáticos superaban a los hispanos y se convertían en el grupo que más inmigrantes contribuía a Estados Unidos. Una modificación importante en la composición demográfica y económica del país.

Se avecinan cambios importantes en las políticas de inmigración. Y como lo acaba de demostrar Obama, las reformas se alinearán en base a nuevas y cambiantes prioridades.