La reforma sanitaria se vota en noviembre

¿Victoria clara y rotunda para Obama o una decisión dividida y demasiado imbricada para poder establecer una conclusión contundente? Esa es la pregunta que flota sobre Washington desde el viernes pasado, cuando la Suprema Corte de Justicia se pronunció sobre el Affordable Care Act o, como se conoce popularmente, Obamacare. La reforma sanitaria, la apuesta legislativa más importante del Gobierno, fue impugnada por varios estados y llevada hasta la máxima instancia judicial.

Pocas decisiones han provocado tal expectativa y dividido tanto al país; pocos temas nos llevan de manera tan clara al corazón de la confrontación política en Estados Unidos.

La decisión del viernes tiene dos implicaciones importantes. La primera, estrictamente política, gira en torno a determinar si la apuesta de Obama por transformar el sistema y la estructura sanitaria es legal. Es decir, si la apuesta política más importante del presidente, en la que invirtió buena parte de su capital inicial y en la que pasó el mayor número de tiempo trabajando, era respaldada por el Supremo. La resolución de la corte, en términos amplios, fue que sí: la ley es legal y no vulnera ninguno de los principios impugnados por los estados que demandaron al Gobierno. Mucho estaba en juego para Obama en esta cuestión simplemente porque, de haber sido derribada toda o parte de la ley, la percepción de su liderazgo hubiera cambiado de manera inmediata: un presidente que invirtió tanto tiempo y esfuerzo en una iniciativa que termina siendo tumbada por el Supremo, hubiera sido percibido como naif.

Resuelto el tema político, la segunda y más importante cuestión es cómo se implementará una ley tremendamente compleja que busca brindar cobertura sanitaria a más de 40 millones de personas. Aquí, la resolución de la Corte es más complicada y existen múltiples interpretaciones sobre el significado último de la resolución y qué podría suceder entre ahora y 2014 —cuando la mayor parte de las estipulaciones de la nueva ley tendrían que entrar en vigor—. Tanto detractores como partidarios han declarado que la sentencia del viernes es un triunfo para su causa.

Los detractores (principalmente dentro del Partido Republicano) hacen una interpretación de largo aliento en la que el voto decisivo, del juez conservador y presidente de la Corte John Roberts, sienta las bases para restringir el papel del Gobierno en decisiones futuras. Es decir, interpretan la decisión de cinco votos contra cuatro como una jugada preventiva y brillante en la que aunque ahora no se derriba Obamacare, hará más fácil restringir esta y acciones similares en el futuro. Un columnista del Washington Post lo resumía así: ¿Perdieron los Republicanos la batalla de la reforma sanitaria pero ganaron la guerra?

Para Ezra Klein, uno de los expertos en el tema, el fondo de la decisión del viernes fue una maniobra judicial muy inteligente en la que básicamente la Corte se pronunció sobre los aspectos macro y dejó los micro (los que determinarán al final de cuentas cómo se implementará la ley) para ser resueltos por quien sea que ocupe el Despacho Oval en 2013.

Lo que de facto convierte inesperadamente la reforma sanitaria en el tema estelar de la campaña presidencial. Aprobada en el Congreso en 2010 y sentenciada por la Suprema Corte en junio de 2012, nadie esperaba que la resolución final de la reforma se llevara hasta las presidenciales del otoño y se convirtiera en tema de campaña.

El ganador en noviembre, asegura Klein, “decidirá el futuro del Affordable Care Act. Y no solo eso, muy probablemente tendrá la oportunidad de nominar a uno o más jueces a la Corte, lo que determinará si esta continúa moviéndose hacia la derecha o da un giro a la izquierda. Así que aunque poco cambió con la decisión del viernes, fue un recordatorio de cuánto podría cambiar en noviembre”.

Los dados se cargan todavía más para la presidencial de noviembre. Elegir entre Obama o Romney se convierte también en una elección entre dos filosofías sobre el ejercicio y alcance del poder del Gobierno federal.