Paul Ryan o el extremo derecho de la extrema derecha

Mitt Romney tenía opciones. Pudo haber elegido a David Petraeus: General condecorado, experto en temas de seguridad nacional, arquitecto de la estrategia de retirada de Irak. A Condoleezza Rice: asesora de Seguridad Nacional y secretaria de Estado con George W. Bush, miembro de una minoría racial. O a Tim Pawlenty: ex gobernador de Minnesota, moderado, con amplia experiencia ejecutiva.

Sin embargo, para acompañarlo en el ticket presidencial, Romney eligió a Paul Ryan. Conservador, doctrinario, halcón fiscal, en el extremo derecho de la extrema derecha. Ninguno de estos términos asociados con frecuencia a su nombre terminan de describir plenamente al joven político —42 años— Representante por Wisconsin y ahora candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos —o, como dice el dicho, a un latido de corazón del Despacho Oval—. Ryan es un producto sui generis del conservadurismo estadounidense —en sí mismo sui generis— más recalcitrante. Un guardián del dogma y las buenas costumbres del partido; abanderado de una praxis ideológica en la que el alumno no solo supera al maestro, lo reprimenda y corrige.

Carismático y tremendamente versado en los aspectos técnicos más oscuros de la política fiscal y el presupuesto federal, Ryan pertenece a una nueva generación decepcionada por la poca valentía del liderazgo conservador de los últimos 25 años —de Bush padre a la fecha—. Su rol auto conferido es el de hacer cumplir la doctrina y apretar las tuercas del partido para devolverlo a su estado más puro. A pesar de haber llegado a la Cámara de Representantes en 1999 —con solo 28 años—, su nombre saltó a los titulares hasta el 2008, cuando retó a Obama con un presupuesto alternativo que se convirtió en el sueño húmedo de todo conservador de cepa.

Conocido como Path to Prosperity, el presupuesto de Ryan es un proyecto radical de redistribución del ingreso —de abajo hacia arriba— que llega a asustar a muchos dentro de su propio partido. La columna vertebral del proyecto es la reducción del déficit. Cuadrar las cuentas del Estado a cualquier precio. Y para conseguirlo, predica el congresista, solo hace falta reducir los impuestos y dejar libre el espíritu emprendedor estadounidense. El documento, vacío de cualquier análisis económico serio, está lleno de referencias a la Constitución, a Locke, a Durkheim, a Hayek y a Adam Smith. Una propuesta pomposa y grandilocuente que no cuenta con el respeto de economista calificado alguno.

En el semanario New York, Jonathan Chait disecciona al personaje y advierte: “no hay que perder de vista que Ryan fue entrenado en el mundo de los think tanks Republicanos de Washington. Y estos, a su vez, fueron creados desde la convicción de que los economistas mainstream estaban inevitablemente aliados con la izquierda. Crearon un ecosistema intelectual alternativo en el que sus ideas —el planeta no se está calentando, la distribución de la riqueza no es más desigual, etc.— no tienen que ser comprobadas empíricamente”. Ryan, concluye Chait, es el heraldo del dato blando, los seudo-hechos y la imaginación pura.

En los últimos 30 años uno de los coup d’état más espectaculares ha tenido lugar sin que la mayoría de los medios siquiera lo registrara. El asalto al establishment conservador tradicional. Este ha sido reemplazado por una facción más radical ideológicamente, menos respetuosa de las instituciones y sus rivales políticos y obsesionada con una agenda monotemática de degradación de las competencias del gobierno.

En su It’s Even Worse Than It Looks: How the American Constitutional System Collided with the New Politics of Extremism (Basic Books, 2012), Thomas Mann y Norman Ornstein se lamentan: “Uno de los dos partidos principales, el Republicano, se ha convertido en un actor integrista: ideológicamente extremo; en riña con la herencia social y el régimen económico; contrario al acuerdo; indiferente a los hechos, los datos y la ciencia; y desdeñoso de la legitimidad política de la oposición”.

Paul Ryan, mucho más que el propio Romney, es el más fervoroso apologista de esta nueva estirpe.